Mis vecinas 2da. Parte

Después de pasar la noche en mi casa salió de prisa después del desayuno, nos dimos un beso de despedida y la vi marcharse. No habían pasado cinco minutos cuando los gritos en el pasillo me hicieron salir a ver que sucedía, entre empujones y golpes mi vecina sacaba del departamento al novio de su hija, mientras la joven aún con huellas de la velada sexual intentaba detener al torbellino en que estaba convertida su madre, me acerque de prisa para detenerla y liberar de sus garras a aquel muchacho que estoy seguro que había pasado una excelente noche pero una mañana infernal. Ni bien había entrado al elevador el joven mi vecina dirigió su furia hacia su hija, fue en ese momento que quedé entre ambas mujeres gritándose cosas al tiempo que los vecinos del piso salían a ver que sucedía.

Como pude logré hacer que entráramos los tres a su departamento, y la discusión seguía sin parar, de pronto entre tantos reclamos de la madre mi vecinita le gritó algo que me dejó congelado -¿Crees que no se que anoche cogiste con el vecino?, tu sabías que me gustaba, pero tenias que ir de zorra a darle las nalgas, por eso me acosté con Juan- ni bien había terminado el reclamo mi vecina le lanzó una cachetada que estuvo a punto de golpearme a mi también. –No me hables así, yo soy tu madre- le gritó mientras las lagrimas nublaban la vista de la joven. Me quedé mudo, había tenido sexo con una de ellas pero ahora me enteraba que yo le gustaba a la menor de estas mujeres, la miré y en ese momento me di cuenta que ella seguía en ropa interior, bajo esas pequeñas prendas de encaje se asomaban unos pequeños pezones. Me sentí extraño en esta situación donde más que pena, me comenzó a excitar la idea de estar con aquella mujercita.

Salí de aquel departamento sin decir una sola palabra, imaginaba mil cosas, la noche anterior había sido fantástica para mí, tener a aquella mujer sobre mí, las experiencias de la noche anterior se agolpaban en mi cabeza junto a la idea de explorar aquel cuerpo juvenil que tantas veces admiré en el elevador por las mañanas. Entré a mi departamento, me serví un vaso de jugo y fui a la ducha a quitarme el sudor y los restos de lo vivido. El resto del día espere que alguna de las dos tocara a mi puerta, ya sea porque tuve sexo con una o para que la otra me diera alguna explicación de lo ocurrido. Durante la siguiente semana ni siquiera me las cruce en el elevador o en los pasillos. Era como si hubieran desaparecido.

Una noche de jueves invité a una colega del trabajo a cenar y a compartir una copa de vino, y ¿quien sabe?, quizá a compartir también la cama. Eran casi las 10:00 p.m. y mientras salteaba unos espárragos y terminaba de cocer la pasta sonó el timbre y fui a abrir, allí estaba ella, con un vestido negro con un gran escote en V que mostraba sus pechos, que apenas cubría con su cabello rojizo. La invité a pasar y fue en ese momento que miré sobre su hombro y pude reconocer a mi vecina en la puerta mirando hacía mi puerta con una mirada que mostraba coraje y odio. Cerré la puerta y fuimos Adela y yo a la cocina a probar mi pasta al pesto con espárragos al vino tinto. La velada era agradable, ella era una mujer distinta, era enóloga y trabajaba en mi oficina como relacionista pública, conocía de vinos y mientras degustábamos la cena ella me hablaba sobre el vino que estábamos probando y acerca de las cepas de uva.

No paso mucho para que nuestros labios se unieran, la acidez del vino hacía que cada beso fuera delicioso, ella me daba pequeños besos mientras sujetaba mi rostro y su cuerpo se frotaba contra el mío dejándome sentir sus pechos firmes, fue ahí que bajé mis manos y le tomé por las nalgas, la levanté y la llevé a la sala, ahí nos fundimos en abrazos y caricias mientras nos despojábamos de la ropa. Sin esperar nuestros cuerpos se unieron y los movimientos en sincronía nos llevaron al primer orgasmo que ambos disfrutamos mientras seguíamos explorándonos los cuerpos mutuamente. Sin detenernos, comenzamos nuevamente la batalla, ella me sentó en el sillón y se colocó de espaldas cayendo lentamente sobre mi pene, poco a poco pude sentir como entré totalmente en ella, así nos quedamos un minuto mientras yo besaba su espalda y le acariciaba los senos con mis manos, de pronto ella comenzó a mover sus caderas como nadie lo había hecho conmigo, era un movimiento extraordinario, abrazaba mi pene y buscaba hacerme llegar al clímax con ese bamboleo, bajé mi mano derecha buscando su clítoris y al acariciarlo con mis dedos el ritmo de sus caderas se incrementó y entramos en un frenético movimiento hasta llegar al orgasmo casi al mismo tiempo.

Se dejó caer sobre mí de espaldas mientras yo le acariciaba los senos y el abdomen, mi pene salió de ella dejando salir a su paso sus jugos que inundaron mi entrepierna. Se levantó y se sentó en la alfombra mientras yo abría la segunda botella de vino, en esta ocasión era un vino de California, que me habían regalado hacía ya un par de meses, le serví una copa y ella lo probó, no fue tan bueno como el Malbec pero nos dio vitalidad para seguir con la velada. Ambos nos tiramos en la alfombra y seguimos el jugueteo hasta que cambiamos la posición y quedamos uno sobre el otro haciendo un sesenta y nueve, ella colocó su vulva junto a mi cara y se dejó caer para atender a mi miembro al que parecía que el vino le había devuelto la vida. Conforme avanzábamos en el jugueteo de nuestras bocas sobre nuestros sexos podía sentir como sus jugos humedecían mi boca, el sabor era excelente, casi tan acido como el vino de California, su clítoris hinchado comenzaba a mostrarme que ella estaba lista para correrse, mientras ella succionaba con fuerza y jugaba con su lengua sobre mi glande tratando de sacar toda gota de semen de mi cuerpo. Seguimos así hasta que ambos, cada quien a su tiempo se corrió sobre la cara del otro, era delicioso probar sus jugos. Nos recostamos sobre la alfombra, encendimos un cigarrillo y comenzamos a hablar de trabajo. Finalmente habíamos saciado nuestra hambre, nuestra sed y las ganas de sexo. 

Nos fuimos a la cama y a las seis de la mañana sonó su despertador, era hora de darse una ducha donde todavía nos dimos la oportunidad de despedirnos con un rápido orgasmo mañanero. Ella se vistió de prisa y me agradeció la velada, yo por mi parte solo le dije que mi casa estaba aquí para cuando ella quisiera regresar a cenar. Fue así que salió y caminó hacía el elevador. Me quedé en la puerta esperando que ella entrara al elevador cuando al abrirse pude ver a mi joven vecina, me miró y se dirigió de prisa a mi puerta mientras Adela se despedía al tiempo que se cerraban las puertas del elevador. –Tengo que hablar contigo- me dijo la joven mientras entró de prisa a mi apartamento. En la sala aún estaba mi ropa y los restos de la noche anterior. Ella se sentó en el lugar donde habíamos hecho el amor Adela y yo. Le ofrecí algo de beber, pero ella se negó y me pidió que me sentara, me serví un poco de jugo y regresé a la sala, me senté lo más lejos posible a ella. De pronto ella se paro y se abalanzó sobre mí, no puedo decir que me resistí a besarla, era tan diferente a lo que acababa de vivir, era un torbellino, inundó mi boca con su lengua y mordía mis labios tratando de arrancarlos, la separé un poco y le pedí que se calmara, que no estaba bien lo que estaba sucediendo, ella me miró sorprendida, se levantó la playera y me mostró sus senos al tiempo que me dijo -¿no te gusto? Yo sé que no son tan grandes como los de mi mamá, pero ¿acaso no te atraigo nada?. La mire ahí frente a mí con sus pequeños pezones rosados y rogando porque la hiciera mía, era todo lo que me había podido imaginar. 

Me pare y bajé su blusa, la abracé y la besé despacio, mis manos le acariciaban el cabello y pude sentir como su cuerpo se relajó, pudría apostar que nunca le habían tratado así, sus pezones se erizaron, la abracé y jugué con mis manos por su espalda, dejé de besarla y le dije que todo sería a su tiempo. Hoy no era el mejor día, tenía que ser algo perfecto para ella, tenía que saber que había algo más que solo llegar y montarse al primer tipo para vengarse de su madre. Ella me miró sorprendida, supongo que la mayoría de los tipos con los que salía no habrían dejado pasar la oportunidad de tenerla, pero yo quería que fuera diferente, que realmente disfrutara y conociera más acerca del sexo. La acompañe a la puerta y le pedí que me diera un par de días, la cita perfecta sería el próximo domingo, ella aún no entendía lo que había pasado, pero accedió a esperar 48 horas. Ahora lo que realmente me preocupaba era su madre y cómo habría de tomar el hecho de que me acostara con su pequeña hija, pero eso, eso se los cuento en el próximo capítulo.

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