Mis vecinas 3ra. Parte

Llegó el domingo y yo estaba nervioso de asomarme siquiera al pasillo, sentía que al abrir la puerta estaría la chiquilla esperando que la invitara a pasar, además no deseaba encontrarme con su madre y tener que dar explicaciones sobre lo que hacía Adela en mi departamento hace un par de noches. Sabía que después de haberme acostado con ella iba a ser difícil librarme de ella, pero sinceramente si este era el precio que tenía que pagar, lo haría nuevamente sin dudar, ya que fue una de las mejores y más placenteras noches en mi vida. Entré a la ducha y decidí afeitarme la barba completamente; unos días atrás conocí a Celia en el mostrador de Starbucks, era su primer día y lucía nerviosa ante la fila de adictos a la cafeína que exigían su dosis matutina de esa deliciosa bebida. Al verla me alegré de que nuevamente una mujer me diera los buenos días con una bella sonrisa. Le sonreí y mientras marcaba mi alto caramel macchiato en la registradora me preguntó ¿A qué nombre pongo su bebida señor? Puse cara de enojado y ella se asustó, le dije que no era tan viejo y me dijo que la barba me hacía parecerlo, pagué mi bebida y al salir quedó en mi mente que quizá era tiempo de dejar la barba a un lado. 

Mientras me afeitaba pensaba en mi joven vecina, me asaltaba el pánico de tener que enfrentar a su madre, quizás no era buena idea intimar con ella, aunque también pensaba en lo hermoso y joven de su cuerpo. Terminé de afeitarme y entré a la ducha, mientras lo hacía, imaginaba su sexo, las imágenes de su sexo totalmente depilado me excitaban, pensar en sujetar sus caderas mientras la penetraba por detrás provocó en mí una erección. Cerré el agua caliente y traté de enfriar mis pensamientos. Tomé la toalla y caminé a mi habitación, tomé mi teléfono y puse algo de música mientras elegía como vestir este día.

Después de vestirme tomé mi cartera y salí con prisa por mi dosis de café y mi diario, pasé por afuera de su departamento y subí rápidamente al elevador. Sin detenerme caminé hasta la cafetería y por desgracia era el día de descanso de Celia, como era ya costumbre Joaquín me atendió con su sonrisa de comercial de dentífrico y me preparó lo de siempre. Busqué un lugar cercano a las ventanas para disfrutar de la pasarela de mujeres hermosas que diariamente visitan este lugar. Abrí mi diario y como siempre todo eran muertos, fraudes, políticos corruptos y deportistas que no pueden destacar porque andan de parranda antes de jugar. Cerré el periódico y tomé mi celular para ver que sucedía en el México del Twitter; aunque no lo crean el país que existe dentro de esta red social es divertido, todo mundo dice lo que piensa o de lo que tiene ganas y muchas veces me hacen sonreír con sus trending topics dirigidos a algún político o a alguna figura pública. 

Sumergido en mi propio mundo leía las publicaciones de una joven tapatía que tuitea bastante erótica y con un humor negro delicioso cuando apareció frente a mí la pequeña vecina. Con su atuendo clásico de gimnasio, unas mallas que se untaban dejando ver sus hermosas caderas y que mostraban una deliciosa entrepierna y una blusa rosa que mostraba sus senos firmes y retadores que apuntaban hacia el cielo. Se sentó frente a mí y preguntó porque me reía, tuve que admitir que desde que Javier me enseñó a usar el twitter me he convertido en un adicto a la tecnología y a la red social del pajarito. Ella sonrió y me pidió que dejara el teléfono. Me miró de frente y me dijo “Mi madre se fue de vacaciones” mientras lo decía se remojaba los labios y su mirada se mostró perversa. Le pedí que se relajara, que fuera a casa y que se diera una ducha, que la vería a las 2:00 p.m. para invitarla a comer y después ya veríamos que hacer. En ese momento me tranquilicé, al menos en esta ocasión estaba a salvo de que la madre entrara a mi casa y nos descubriera haciéndole el amor a su pequeña hija.

Ella salió con prisa y yo me quedé ahí terminando mi bebida, pensé en lo que tenía que hacer para que ella disfrutara de una experiencia inolvidable y que no fuera solo cogérmela por satisfacer mis deseos. Pasaron las horas y caminé tranquilamente mientras hacía unas llamadas tratando de maquinar un plan perfecto que culminara en la cama de algún motel cercano. Faltaban un par de minutos para las 2:00 p.m. cuando entré al edificio, ella ya estaba lista en la recepción, con un vestido rojo con un escote que mostraba sus pezones y que dejaba ver sus hermosas piernas. Le pedí al portero que me entregara mis llaves y salimos en mi coche rumbo al restaurante de James. 

Al llegar saludé a mi amigo y nos dio una mesa en la terraza mientras que le pedía nos enviara un buen vino tinto, calamares y espárragos como entrada, ella me miró asombrada y me hacía mil preguntas sobre James y el lugar. Mientras bebíamos yo le pedía que disfrutara de los sabores y de las sensaciones que provoca un buen bocado acompañado por un buen vino. Después llegó el la ensalada, el cordero y la pasta carbonara que prepara exquisitamente James para mí. Se terminó la segunda botella de vino y era tiempo de probar un delicioso affogato.

Salimos de ahí con los sentidos complacidos y tengo que confesar que un poco ebrios, ella sonreía y su rostro estaba sonrojado mostrando los efectos del vino en su cuerpo. Después de unos minutos llegamos a un hotel por Vallarta, al entrar ella sonrió y me confesó que nunca había estado en uno; siempre hacía el amor con sus novios a escondidas de su mamá, inclusive en la habitación de ella y eso la excitaba pensando que en cualquier momento ella llegara y los sorprendiera. Entramos a la suite, al abrir la puerta ella vio el jacuzzi y se emocionó como una pequeña entrando a Disneylandia, corrió y abrió las llaves para llenarlo, se entretuvo tratando de encontrar el control de la televisión, se detuvo y se subió y brincó en la cama mientras yo pedía que nos trajeran a la habitación otra botella y una tabla de quesos para disfrutar la tarde. Ella me miró fijamente y me preguntó si se podía meter al jacuzzi, sonreí y le dije que ella podía hacer todo lo que quisiera, me acerqué lentamente y comencé a besarla mientras la desnudaba, ella se entregó a mí, me tomó del cabello y frotó sus senos sobre mi pecho. La miré desnuda, era perfecta, no había una sola parte de su joven cuerpo que desentonara. Se hincó y se abalanzó tratando de quitarme el pantalón mientras frotaba mi pene por encima. La levanté y le dije que se relajara, ella era la que tenía que disfrutar de este día, no tenía que hacer nada como lo que había hecho con los hombres con los que había compartido la cama. 

Se metió al jacuzzi, serví las copas y acerque la tabla de quesos mientras ella cerró los ojos y se dejó consentir por el agua que masajeaba con aire y burbujas su cuerpo. Puse algo de música, me quité la ropa y entré a la tina. Ella abrió los ojos y se subió sobre mí, pude sentir la firmeza de su cuerpo, sus labios se unieron a los míos y así pasaron unos minutos frotando nuestros cuerpos sin prisas, solo tratando de sentir al otro, nos acariciábamos mutuamente. Me coloqué frente a ella y la tomé de la cintura, la senté en la orilla de la tina y ella me miró extrañada, abrí sus piernas y abracé sus nalgas mientras acercaba mis labios a su sexo. Ella gimió con fuerza, su piel se erizó y al contacto de mi lengua con sus labios vaginales explotó y gritó mientras sus jugos inundaban mi boca. Era delicioso ver como temblaban sus piernas mientras ella trataba de aferrarse a la tina. Me dijo que se sentía mareada, era obvio que era una experiencia nueva para ella, ninguno de los hombres en su vida le había comido la vagina. Mientras le daba un poco de agua mineral y le pedía que respirara ella trataba de recobrar las fuerzas. Le dije que aún no era nada, que apenas estábamos comenzando, me coloqué nuevamente frente a ella y le pedí que se recostara sobre su espalda. Me acerque y soplé levemente sobre sus labios vaginales y ella comenzó a gemir, la sostuve de las nalgas y acerque su entrepierna a mi rostro, movía mi lengua acariciando su sexo agridulce, con mis movimientos pude encontrar su clítoris hinchado mientras ella se mordía los labios tratando de hacer más largo su orgasmo. Apreté mis labios sobre su clítoris chupando levemente y ella nuevamente exploto sobre mi rostro, sus nalgas se pusieron rígidas y un grito que imploraba a dios que esto no terminara acompañaron las olas de sus jugos que chocaban con mi boca que intentaba beber de la fuente de la eterna juventud.

Ella quedó rendida, se dejó caer en la tina y fue recobrando el sentido mientras que bebía más agua mineral y probaba los quesos. Pregunté si se sentía bien y respondió que se sentía como nunca en su vida. Pude observar como su cuerpo tenia espasmos mientras ella trataba de recuperar algo de fuerza. Pasada una hora salimos del jacuzzi, ella me miraba y preguntaba si quería que me hiciera algo. Le pedí que se relajara, la tarde era joven y teníamos tiempo de hacer lo que quisiéramos. Fuimos a la regadera y ahí la acaricié mientras enjabonaba cada espacio de su cuerpo. Ella se colocó de espaldas hacía mi y frotó sus nalgas contra mi pene provocando una erección muy rápida. Se giró y tomó con su mano mi miembro rígido, comenzó a masturbarme frenéticamente y le pedí que se detuviera, que tenía que ser gentil, finalmente su madre no vendría a sorprendernos en la habitación. La acerqué a mi y coloque mi miembro entre sus piernas rozando sus labios que abrazaban mi pene, ella comenzó a gemir mientras yo la tomé de las nalgas y me hice una paja mientras ella aprisionaba mi miembro entre sus piernas. Ella comenzó a llegar al clímax y me pedía que la penetrara, rogaba que introdujera mi pene dentro de su cuerpo porque quería sentirlo. Rápidamente retiré mi verga de sus labios y coloque mi mano derecha en su sexo, le comencé a masturbar mientras mi dedo medio jugueteaba por los bordes de su entrada estrecha que dejaba salir en abundancia los jugos íntimos de la pequeña mujer.

Ella llegó nuevamente al clímax y sus piernas comenzaron a temblar mientras ella gritaba de placer una y otra vez. Cerré la llave de la regadera y la cargue hasta la cama. Cayó rendida, su cuerpo parecía de hilo, sus ojos entrecerrados me miraban tratando de evitar cerrarse. Le di un beso y le pedí que durmiera. Era hermoso verla ahí rendida, con su cuerpo desnudo frente a mí, dispuesta a dejarse amar, sin restricciones, sin miedos. Me recosté junto a ella y me quedé velando su sueño. Un par de horas después, la noche comenzó a caer sobre la ciudad, ella abrió los ojos y se acercó a darme un beso, tenía mucha hambre y pedimos el room service. Después de comer desnudos en la cama ella me preguntó sobre su madre. No esperaba que lo hiciera, a ella le asaltaba la duda, ¿era mejor que su madre? Sonreí, le miré y le dije que no podía responderle eso, ella me miró, se acercó y me beso nuevamente, su mano se colocó sobre mi pene y comenzó a frotarlo mientras me decía al oído que no me iba a librar de metérselo, que quería sentirme dentro de ella y que quería que la cogiera como no se lo había hecho a nadie. Tiramos todo lo que estorbaba en la cama y la levanté girándola para quedar en un perfecto 69, su sexo seguía dejando escapar fluidos, me acerque e introduje mi lengua en su vagina, ella por su parte me frotaba el miembro mientras su lengua acariciaba mis testículos. 

Estuvimos así unos cuantos minutos hasta que mi pene estuvo totalmente rígido, ella se giró con rapidez y se colocó sobre mí, con su mano apuntó a la entrada de su vagina y de un sentón se incrustó mi pene en su sexo estrecho, sentía sus palpitaciones, ella daba pequeños gemidos mientras nos acostumbrábamos a la sensación. De pronto comenzó a moverse en círculos provocando que yo perdiera el control, estaba a punto de correrme, era demasiado placer y con todo lo ocurrido esta tarde me urgía correrme, pero no era lo planeado, le tomé de las nalgas y la giré, me coloqué detrás de ella y comencé a moverme a un ritmo que me permitiera disfrutar sin el riesgo de correrme. Ella se movía tratando de que me incrustara más profundo en ella. Cambiamos una y otra vez de posición; recordé sus palabras, quería que le hiciera el amor como nunca lo había hecho con nadie. Retiré mi pene, la recosté y coloqué una almohada debajo de sus nalgas, le dije que se flexionara hasta que sus piernas quedaran sobre su cabeza, afortunadamente para su cuerpo no le representó reto alguno, apunté con mi pene a su sexo que estaba abierto en todo su esplendor esperando por mi arremetida. Me deslicé hasta que mi glande tocó su punto G, ella pego un pequeño grito diciendo que sentía demasiado profundo mi pene, me estiré hasta que mis testículos chocaron con sus nalgas, me comencé a mover con un ritmo lento, ella cerró los ojos y se mordía los labios, sus pezones se pusieron rígidos y el sonido de mis huevos chocando con sus glúteos acompañado de sus gemidos que se comenzaron a volver gritos exigiendo que la penetrara con fuerza me hicieron aumentar el ritmo hasta un nivel frenético casi bestial.

Era un vaivén y los jugos saliendo de su sexo mojaban el mio haciendo más brutal las arremetidas, nos acercamos al orgasmo, era inminente que la explosión llegaría en pocos minutos, hice que bajara una de sus piernas, aumenté la fuerza y la velocidad hasta que todo fueron gritos y que ella encajó sus uñas en mi espalda tratando de que nos uniéramos aún más. Ella comenzó a temblar y sus gritos llenaron la habitación provocando que no pudiera contenerme más, mi semen inundó su vagina que apretaba con mucha fuerza mientras sus jugos empaparon la cama.

En un instante todo fue silencio, quedé rendido a su lado, ella temblaba una y otra vez, de su entrepierna salía mi esperma y sus jugos mezclados creando una escena increíble. Era justo como lo había imaginado, una joven briosa que no se detendría por nada, sin límites, sin miedos. La amante perfecta que solo tenía un defecto, tenía una madre que seguramente me mataría si se enteraba de lo que acababa de ocurrir en esta habitación.

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