Lugar Equivocado

Entré a la sala de cine buscando mi sitio en aquella pequeña sala, había tenido problemas para llegar al centro comercial, la lluvia en esta ciudad suele ser muy pasional, o llueve muy poco durante todo el día o se deja caer de forma drástica inundando todo a su paso y esta noche decidió elegir lo segundo, pero la cinta me atrajo desde que la vi anunciada en aquel paradero. A pesar de ser una sala VIP la gente colmaba la sala y para mi buena suerte alcancé un boleto en las primeras filas de la sala. 

Miré mi boleto, asiento B8, caminé hasta el fondo de la fila y tomé mi lugar al tiempo que presionaba el botón de servicio. Comencé el ritual obligado de sacar mi teléfono y colocarlo en modo vibrar, reclinar mi sillón y ver el menú a pesar de que ya se ha vuelto una costumbre en mí pedir una crepa de queso gouda con jamón serrano y una copa de tinto. Se acercó una joven asistente para tomar mi orden y me vio tan mojado que me ofreció una cobijita para tratar de secarme lo cual acepte sin dudar; después de pagar ella me sonrió y me entregó mi recibo. 

Las luces se apagaron, los acostumbrados comerciales de telefonía y los avances de las cintas que vendrán en lo que resta del año acaparaban mi atención, de pronto una voz femenina un poco rasposa me sacó del estado de hipnosis en que caigo cuando vengo al cine. Me miró sorprendida y me trataba de hablar con amabilidad, al principio no entendí, solamente miraba sus hermosos labios rosas que hacían contraste con su piel blanca. Era una hermosa mujer de grandes ojos, cabello negro y un cuerpo grande, sus curvas eran atractivas, sus caderas y sus senos eran perfectos para su rostro de mejillas rosadas; yo solamente sonreí y encogí los hombros mostrando que no le escuchaba. Se acercó aún más y me dijo al oído, estás ocupando mi lugar, este es el B7, el de la orilla es el B8. Me levanté de inmediato y me disculpe una y otra vez con esta bella mujer. Ella me regaló una sonrisa y me dijo que había ningún problema.

Me sentía un tanto tonto al no haberme dado cuenta que estaba en el lugar equivocado, y aún mas torpe al no entenderla mientras admiraba su belleza. La cinta comenzó y las imágenes de Mont Saint Michel aparecieron en la pantalla, un hermoso lugar en Normandía que me hizo cuestionarme si salía de la sala, sacaba el dinero de mi cuenta de banco y tomaba un avión de inmediato a este hermoso lugar. Mientras disfrutaba de la película escuchaba los susurros de la mujer a mi lado que discutía con el mesero. Al sentir que la miraba ella volteó y me dijo ¿esto es tuyo?. Sonreí y le ofrecí disculpas nuevamente, el mesero se acercó y dejó mi orden mientras ella me miraba.

Como buen caballero le ofrecí a la desconocida y ella de forma cortés me deseo un buen provecho. Tomé los cubiertos y probé la crepa que no era la mejor del mundo pero cumplía su objetivo de calmar mi hambre, bebí un pequeño trago de tinto y seguí viendo la película. A media cinta de pronto se escuchó un estruendo y las luces se apagaron, por menos de un minuto la sala se mantuvo totalmente oscura, los gritos de algunas mujeres no se hicieron esperar, pasados unos segundos las luces de emergencia se encendieron y algunas personas se levantaron mientras los asistentes del cine nos pedían mantenernos en nuestro lugar. La mujer a mi lado comenzó a hablar entre dientes, estaba realmente molesta y sin pensarlo comenzó a decirme –Por esta razón no me gusta venir al cine, siempre me pasa algo, si no es una cosa, es otra, debí quedarme en casa esta noche- la miré y le sonreí nuevamente, le pedí que fuera más optimista, afuera seguramente llovía mucho y sería mucho peor estar sola en casa sin luz, al menos aquí estamos acompañándonos uno al otro. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro; me presenté ante aquella mujer y ella correspondió diciéndome el suyo y ocasionando una charla que me hizo conocerle.

Annie es una mujer entrada en los cuarenta años que trabaja como directora de una firma de consultores en mercadeo y publicidad. Soltera, dedicada casi al 100% en su trabajo, compartía su hogar con un labrador que tenía desde hace unos siete años. En la plática trataba de justificar su soledad diciendo que ningún hombre quiere a una mujer independiente y trabajadora que gane más que él. Los minutos pasaron y finalmente nos pidieron salir del cine mientras nos daban unos pases para ver la cinta cualquier otro día. La lluvia había provocado un corto circuito en el transformador de las salas de cine y sería imposible que la energía volviera. Salimos acompañados del cine y la lluvia no cesaba así que le invité a tomar un trago dentro de la plaza comercial. Ella al ver que era imposible salir de este lugar aceptó mi invitación.

Después de destapar la primera botella de tinto y describirnos un poco ante el otro, ella comenzó a cuestionar mi soltería y mi falta de hijos, dudaba que nunca me hubiera casado y juraba que tendría miles de hijos regados por el mundo. Yo solamente sonreía y seguía admirando lo bella que era esa mujer que seguramente era un poco mas alta que yo. Comencé a fantasear con el placer que sentiría ser abrazado por esa mujer, amanecer en su regazo rodeado por sus pechos redondos. Fue en ese momento que ella me atrapó y me reclamó por observar sus senos. Le dije que eran hermosos, que cualquiera daría la vida por estar como una mujer como ella. Se ruborizó, no supe si fue por el vino o por mis palabras pero de pronto su respiración se entrecortó, me acerque y acaricie sus mejillas, mientras ella me miró fijamente a los ojos. La distancia entre nuestros labios desapareció y nos unimos en un largo beso con sabor a Rioja, nuestras manos buscaron el cabello del otro y de pronto estábamos ahí como dos adolescentes besándonos con prisa, con pasión, sin prejuicios, por el simple placer de probar los labios del otro.

Después de terminar la botella ambos deseábamos salir de ahí, pero, la lluvia caía con furia sobre la ciudad, ambos nos unimos en una mirada y caminamos hacía el hotel que estaba a un costado del centro comercial. Entramos con prisa y pedimos una habitación en los últimos pisos. La recepcionista nos miraba y dejamos mi tarjeta de crédito mientras pedíamos que nos llevaran más vino a la habitación. En el elevador continuaban los besos y los cuerpos se acercaban tratando de sentir el cuerpo del otro, mis manos tocaban sus nalgas tratando de cubrirlas por completo. Pude notar que usaba una tanga de hilo dental que se perdía entre aquel par de nalgas deliciosas. Ella con su rodilla comenzó a frotar mi miembro que comenzaba a llenarse de sangre. Llegamos al doceavo piso y salimos con prisa buscando la habitación. Al abrir la puerta de la habitación una hermosa vista de Guadalajara iluminada por una tormenta eléctrica nos dio la bienvenida. Ella entró y se acercó hacía el balcón. Antes de cerrar la puerta un concierge me entregó la tarjeta de crédito, la botella de Cabernet y un par de copas.

Cerré la puerta y entré a la habitación, dejé las copas y el vino sobre la mesita de noche, me acerqué a ella y la rodee con mis brazos mientras besaba delicadamente su cuello y su oído derecho. Ella se estremeció entre mis brazos y sus nalgas se hicieron hacía atrás buscando mi entrepierna. Mis manos corrieron la cremallera de su vestido y lo hicieron caer al piso. Ella se giró y buscó mis labios, su hermoso cuerpo era iluminado con cada relámpago. Le despojé de su sostén y sus pechos salieron de su encierro dejando ver sus grandes pezones rosados, ella me quitó la camisa y comenzó a besarme el pecho, sus manos se encargaron de mi cinturón y de despojarme de mi pantalón. Su mano derecha acarició mi pene por encima de mi ropa interior mientras ella poco a poco bajaba besando mi vientre mientras me miraba excitándome aún más. Con su mano izquierda bajó con prisa mi ropa interior y con la derecha aprisionó mi pene mientras acercaba sus labios a mi glande. Con su lengua jugueteó con él y daba pequeñas lamidas a lo largo de mi miembro. 

Con gran habilidad me regaló el mejor fellatio de mi vida. Cuando mi pene se encontraba en su máxima expresión, le levanté del piso y la recargue sobre el cristal, levanté su pierna izquierda y comencé a frotar mi pene contra su vagina que ya se encontraba totalmente mojada. Me acerqué un poco más y con delicadeza introduje mi glande en su vagina que me recibió mojando por completo mi pene. Ella cerró los ojos y su respiración se entrecortó –Mételo hasta el fondo cariño, soy tuya- me dijo con su voz rasposa y entrecortada. Levanté un poco más su pierna que me rodeó y me apretó con fuerza hacía ella y mi pene entró con fuerza a su vagina apretada. Mis manos se aferraron a sus nalgas y ella se colgó de mi espalda, el vaivén era descomunal. El sonido de los cuerpos chocando y dejando escapar los fluidos que mojaban la alfombra de aquella suite. Sus pechos rebotaban sin piedad y sus uñas se enterraban en mi espalda haciéndome notar que estaba llegando al clímax. Me detuve y la voltee hacia la ventana, me coloque detrás de ella e introduje mi pene nuevamente en su vagina. Ella se empujaba hacia atrás tratando de que mis arremetidas tocaran a lo más profundo de su sexo. 

El ritmo era tan brutal como la lluvia que azotaba a la ciudad, de pronto sentí como ella comenzaba a apretar mi miembro y sus piernas se comenzaban a poner rígidas. Le tomé de la cintura, el mete y saca se hizo más intenso hasta que los cuerpos sudaban copiosamente y ambos nos unimos en un grito desesperado en el que se mezclaron mis fluidos y los suyos dentro de su vagina. Aún con mi pene dentro de ella, caí rendido sobre ella que temblaba con cada una de mis caricias posteriores. Ambos recuperábamos la respiración, mis manos jugaban en su espalda mientras ella con su rostro ruborizado se acercó y me dio un largo beso que me hizo sentir escalofríos. Nos levantamos del piso y entramos al baño, pusimos a llenar la tina y nos servimos una copa cada uno. Platicamos de trivialidades, de primeras veces, de cómo no imaginamos estar esta noche teniendo sexo con un desconocido y de cómo ambos necesitábamos con urgencia tener este encuentro.

Entramos ambos a la tina y jugueteamos un poco más, mis manos jugaban con su sexo, ambos estábamos listos para otro asalto. Después de asear su sexo le pedí que se sentará en el borde de la tina, abrí sus piernas y le devolví el momento placentero recorriendo con mis labios los suyos, probando sus jugos íntimos agridulces que inundaban mi boca. Me aferré a sus piernas mientras ella me tomó del cabello acercándome a su sexo, mi lengua hacia círculos en su clítoris y ella comenzó a gemir y a moverse con fuerza chocando mi boca con sus labios vaginales hasta que una oleada de fluidos chocaban con mi rostro, mi lengua recorría de arriba abajo su sexo tratando de beber cada gota de su elíxir íntimo. Sus piernas temblaban y se metió nuevamente a la tina. Su rostro nuevamente se pinto de rojo y su respiración trataba de normalizarse mientras me serví una nueva copa de vino. 

Salimos de la tina y nos dimos un baño, habían pasado un par de horas, nos recostamos en la cama y la lluvia había cedido, la ciudad lucía tranquila después de la tormenta. Algunos rayos se asomaban en el horizonte tímidamente iluminando el cuerpo de Annie, mi mano derecha se posó sobre uno de sus glúteos y ella se volteó hacía mi, me miró con los ojos entrecerrados y me pidió que la dejara descansar, estaba agotada, me besó y se recostó en mi pecho, pasados unos minutos cayó profundamente en los brazos de Morfeo. Yo hice lo mismo, cerré los ojos y pasadas unas cuantas horas el sol comenzó a entrar por la ventana, abrí los ojos, ella estaba radiante, su rostro era aún más bello sin maquillaje, sus curvas eran increíbles, sus piernas largas y sus nalgas grandes se mostraban debajo de las sábanas. 

Ella abrió los ojos, me miró y me regaló una sonrisa inocente, sus manos se colocaron en mi pecho y se acercó nuevamente hacía mi, su mano izquierda buscó mi miembro, me miró perversamente mientras decía –Tengo ganas de desayunar, tengo mucha hambre-. 

Se metió bajo las sábanas y así comenzó uno de los mejores fines de semana de este 2013.

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