Adrenalina

Y ahí estaba yo, sentado en aquella esquina cual adolescente cachondo, esperando por alguien que ni siquiera conocía. Imaginaba que nada de lo que me había dicho era cierto, que por alguna razón estaba cayendo en el engaño de las citas por internet. Pensaba una y otra vez en retirarme de ese sitio, observaba a cuanta mujer se acercaba tratando de adivinar cuál de ellas podría ser la mujer con la que pase las últimas noches charlando hasta el amanecer.

Miraba a mí alrededor y me preguntaba ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? Y es que por extraño que parezca, nunca había tenido este tipo de encuentros, prácticamente nos acompañábamos cada noche, en algunas ocasiones simplemente fantaseábamos mientras el otro decía vía telefónica lo que el otro necesitaba para pasar una buena noche. 

Estaba a punto de retirarme, cuando su voz me sacó de mis pensamientos, ahí estaba ella frente a mí, una bella mujer que tal como me había descrito tenía un cuerpo al que no le hacía falta nada. 

Me levanté para saludarla al tiempo que ella se acercó y pude sentir sus pechos firmes mientras nos abrazamos como si nos conociéramos de mucho tiempo. Besó mi mejilla y pude disfrutar de su delicioso aroma. Le tomé del brazo y caminamos rumbo al bar más cercano. 

Bebimos un par de botellas mientras nuestras historias se entrelazaban, hablábamos de sitios en común, experiencias con nuestras parejas, situaciones incómodas y bromas de familia. No sé decirles si el calor en aquel lugar comenzaba a aumentar o eran los efectos del vino. De pronto una charla nos llevó a otra y cuando menos lo pensamos la plática se volvió sexual. Comencé a notar como acariciaba su cabello y con su dedo índice acariciaba su oído mientras yo le platicaba sobre mis perversiones en la cama. Se mordía los labios y sin pensarlo su pie comenzó a acariciar mi pierna. No habíamos logrado siquiera decir nuestros apellidos pero estábamos listos para saltar sobre el otro y arrancarnos la ropa salvajemente.

Salimos con prisa de aquel bar, mi departamento quedaba a unas cuantas cuadras pero ella no deseaba esperar, nuestros labios se unieron en una frenética lucha donde nuestras lenguas se encontraron una y otra vez. Su piel se erizó al igual que sus pezones, mi sexo comenzó a erguirse frotándose sobre su entrepierna. En un movimiento audaz ella me tomó del cinturón y me llevó hasta una cochera oscura, sin pensarlo ella bajó mi cremallera y sacó mi pene erecto, se agachó y me obsequió una de las mejores chupadas de mi vida. Yo frotaba su cabello y con mi otra mano buscaba acariciar sus pechos.

La gente pasaba a unos cuantos metros de donde nosotros estábamos, mientras yo aguantaba la respiración; eso me comenzó a excitar aún más y a ella parecía gustarle el peligro, así que comencé a sentir que era tiempo de devolverle el favor. La levanté y la recargué sobre el barandal, subí una de sus piernas y me encantó descubrir su sexo desnudo y húmedo. Ahora era más que claro que ella venía dispuesta a todo. Hundí mi rostro en aquella hermosa entrepierna depilada. Su aroma era intenso, podía sentir como las oleadas de sus jugos escapaban tras cada lengüetazo que yo le proporcionaba a su clítoris mientras mi dedo medio se introducía una y otra vez haciéndola retorcerse y al igual que yo, trataba de aguantar los gemidos para evitar que nos descubrieran ahí.

Sus piernas apretaron mi cabeza hasta que sus fluidos me llenaron la boca, su sabor era delicioso, sus manos me jalaban el cabello tratando de hundir mi cabeza dentro de su vagina. Después de unos cuantos espasmos, respiró fuertemente y abrió sus ojos solamente para ordenarme que le metiera mi pene dentro de ella. Se recargó en el barandal mientras levantaba su falda dejándome ver sus hermosas nalgas. Estaba a punto de introducir mi virilidad en su vagina cuando las luces rojas y azules nos hicieron ocultarnos detrás del auto que estaba en la cochera. Ambos sonreímos, la patrulla pasó y ella se colocó en cuatro mientras me pedía que lo hiciera rápido, deseaba sentirme dentro y no quería esperar a que nos descubrieran. La adrenalina nos tenía en el límite, sin dudar introduje hasta el fondo mi miembro. 

Ella soltó un largo gemido que me puso a tope, la tomé de las nalgas y comencé a penetrarla con rapidez, ella se lanzaba hacia atrás en cada arremetida tratando de que los embates fueran más intensos. La tomé del cabello y de forma salvaje aquello se volvió salvaje, ella comenzaba a apretar cada vez más fuerte mi pene y la piel de sus nalgas comenzó a erizarse. Estaba a punto de correrse y eso me hizo querer llegar al mismo tiempo al orgasmo. De pronto ella me dijo que estaba por correrse y con su mano acarició mis testículos haciéndome sentir una corriente eléctrica que me llevó al clímax. En unos cuantos segundos nuestros fluidos se encontraron y escurrían saliéndose con fuerza de su vagina mojándonos completamente. Ambos caímos al piso rendidos mientras nos reíamos por la experiencia vivida. 

Caminamos rumbo a mi departamento, habíamos caminado unas cuantas cuadras cuando nos alcanzó la policía, nos miramos desconcertados, de pronto una oficial con cara de pocos amigos se acercó con ella y le dijo que habían encontrado su bolsa en una cochera, la mujer que vivía en aquella casa les había llamado para contarles con pelos y señales sobre nuestra aventura. Después de un par de palabras ella se acercó a la oficial y le susurró algo al oído, ambas se miraron y sonrieron. Le entregaron su bolsa y nos dejaron continuar nuestro camino. 

Todo esto solo sería el comienzo de una larga noche a la que más tarde incluiría un delicioso intercambio con aquella policía como pago por habernos dejado en libertad. Pero eso se los contaré en otra ocasión.

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