Extraña obsesión

Cada noche enciende con prisa su computadora, revisa sus mensajes mientras abre una nueva ventana del navegador, algo dentro de ella le dice que no esta bien seguir con esta obsesión, no lo conoce, no sabe nada de él, simplemente le atrae saber que piensa y que escribe en su perfil, se imagina siendo la musa que le inspire, ser la mujer a quien le dedica esos mensajes, quiere ser lo que él quiera que sea, no le importaría ser su amante, su esclava, simplemente desea sentir sus manos recorriendo su cuerpo, vibrar con cada uno de esos besos, de imaginar como la posee y la hace suya.

Lo imagina, espera que sea maduro, que le gusten las mujeres como ella, que le seduzca con una sola mirada, que le haga rendirse con un simple susurro en su oido.  Lee su último tuit, siente que se lo dedica a ella, sus pechos son firmes como los que describe en sus textos, sus ojos son color miel, pareciera que la observa.  Se siente abrumada, el calor en su entrepierna comienza a inquietarla. Cierra con prisa su computadora, siente que no es normal perder la razón por un desconocido. La invade la sensación de estar haciendo algo malo,  asi que con prisa hace una oración apresurada, necesita dejar de pensar en él, se mete a la cama y apagó la luz.

En ese instante su teléfono le avisó de un nuevo mensaje, el texto en su pantalla le hizo temblar, estaba dedicado a ella. Una sensación de miedo y excitación el obligo a cerrar las cortinas de su alcoba, no lograba entender como él se había dado cuenta de que comenzaría a tocarse pensando en él. Su sorpresa fue aún mayor cuando sentado en el banco frente a ella estaba él con una sonrisa perversa, sin decirle una sola palabra, solamente inclinó su cabeza invitandola a mostrarle su sexo.

Lentamente se quitó la bata, sus pezones se pusieron rígidos, su piel se erizó y poco a poco abrió sus piernas. Los ojos de él brillaban, mordia sus labios mientras le indicaba que siguiera con su ritual. Ella no lograba comprender lo que estaba sucediendo, pero sus manos comenzaron a frotar sus labios ya humedecidos. Con su dedo medio abrió sus labios y se entregó totalmente al placer, tan solo verlo le provocó un fuerte orgasmo que le hizo temblar. Pero no podía detenerse, verlo ahí disfrutando le hizo seguir tocándose, el sonreía y mojaba sus labios como si pudiera saborear el néctar íntimo que fluia fuera de ella. Cerró sus ojos e introdujo sus dedos, con fuerza entró y salió en innumerables ocasiones, al sentir que estaba a punto del clímax cerró sus ojos, sus piernas se tensaron y una descarga electríca recorrió su sexo haciendola perder el sentido.

Minutos después la despertó la humedad de su cama, abrió sus ojos y lo buscó en su habitación. Él ya no estaba ahí, pero un nuevo mensaje le hizo saber que no sería la última vez que lo tendría cerca de ella.

 


“La observaba cada noche, veía como caía rendida de placer, su entrepierna húmeda me invitaba a degustar de sus labios…”

 

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