Detrás de la pared

Abrió sus piernas lentamente mientras sus manos se acercaban poco a poco hacia su sexo húmedo, los gritos le hacían imaginar que era ella quien recibía las salvajes embestidas de aquel sujeto, podía imaginar su cuerpo, atlético, musculoso, sus piernas firmes y un miembro que erguido estaba listo para atravesarla por completo. Su mano izquierda subió con prisa debajo del pijama hasta encontrar uno de sus diminutos pechos, pellizcó con fuerza su pezón mientras la mujer del otro lado de la pared suplicaba a dios para que su amante no se detuviera y la llevara al clímax.

Colocó sus talones sobre la cama y levantó las nalgas mientras sus dedos separaban sus labios vaginales, pequeños ríos de su interior inundaron rápidamente sus manos, una corriente eléctrica la recorrió desde sus nalgas hasta el cuello, apuntó un par de sus pequeños dedos hacia su orificio del que seguían brotando cada vez más fluidos. El sujeto de la otra habitación gritó ordenando  a la mujer que se abriera las nalgas, al escuchar esto su excitación creció, imaginaba al hombre con su gran verga rodeada de venas donde podía percibirse el flujo sanguíneo llenándola por completo y tratando de hacerla explotar.

De un solo golpe el dio la estocada atravesando el pequeño ano de aquella mujer que sentía que aquel miembro le incendiaba por dentro y trataba de desahogar esa sensación en cada grito mientras se aferraba con fuerza a las sábanas. Al mismo tiempo del otro lado de la pared, ella se introdujo salvajemente dos dedos mientras que ahogó su grito mordiéndose los labios.  Con cada grito de la mujer de la otra habitación ella metía y sacaba de golpe sus manos imaginando que era aquel hombre quien la poseía con furia.

El ritmo era increíble, aquel hombre bombeaba con fuerza por el culo a aquella mujer, sus gritos se convirtieron en súplicas mientras del otro lado ella gemía pidiendo que no se detuviera, que la hiciera llegar al orgasmo, sus piernas comenzaron a ponerse rígidas, sus jugos íntimos inundaron la cama y su cuerpo se arqueó para que sus dedos entraran lo más profundo posible. El bramido de aquel hombre le hizo notar que estaba a punto de correrse, ella comenzó a temblar y en el mismo instante los tres gritaron de placer. Los fluidos se mezclaron y los tres cuerpos cayeron rendidos después de lo ocurrido.

Pasaron un par de minutos, se levantó rápidamente, sus piernas temblaban pero el tiempo la obligó a salir de ahí, se vistió con prisa, tendió la cama mientras pensaba en lo ocurrido, se acomodó el uniforme y dejó la habitación, tomó su radio y llamó a la recepción.

– La habitación está lista – dijo mientras cargaba sus artículos de limpieza y se encaminó al siguiente cuarto vacío.

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