Intrusa

Sentí su mano fría hurgando entre las sábanas en busca de mi miembro, cuando abrí los ojos me miró y me pidió que no dijera nada mientras se descubría uno de sus pequeños pechos blancos. Me desconcertó su actitud, lucía ansiosa, su mano encontró en el camino mis testículos y no dudó en acariciarlos, una sensación extraña se apoderó de mí, sentía algo de miedo al ver a aquella mujer invadiendo mi habitación pero también comencé a sentir placer por el contacto de sus dedos con mi escroto. Mi pene despertó antes que yo, la sangre comenzó a acumularse y con su otra mano quitó la sábana hasta dejar al descubierto mi sexo, me miró y sin dudarlo se abalanzó con su lengua sobre mi glande que comenzaba a ponerse morado.

Cerré los ojos, seguía disfrutando del momento, me importaba poco quién era aquella mujer entrada en los cincuentas que me estaba regalando una de las mejores felaciones en mi vida. Mientras recorría en círculos el glande con su lengua sus manos me comenzaron a explorar sin dejar un solo centímetro por acariciar, comencé a sentir con cada lengüetazo como una corriente eléctrica comenzaba a recorrer todo mi cuerpo.

En un instante ella se despojó de toda su ropa, traía una tanga azul con encajes amarillos bastante extraña, sus manos desnudaron su sexo y una bella vulva de grandes labios rosados se mostró ante mí, en un movimiento se trepó a la cama y con gran habilidad colocó su sexo frente a mi rostro mientras se dejó caer sobre mi vientre y se tragó mi miembro erecto hasta topar con sus amígdalas, su sexo húmedo quedó ante mí y con mi lengua comencé a recorrer su intimidad, su sexo era increíble, pequeños chorros de fluidos surgieron con cada lengüetazo, mis manos se aferraron a sus nalgas y hundí mi dedo medio entre sus nalgas hasta atravesar el umbral de su ano que le arrancó un gemido que me hizo excitarme aún más.

Su sabor era increíble, era agridulce, sus labios apagaron mi sed, sus piernas apretaban mi cabeza y con sus caderas comenzó a hacer movimientos circulares mientras chupaba con fuerza mi pene tratando de hacer fluir mi esperma hasta sus labios. En un solo movimiento se quitó de mi cara y se giró sobre mí, abrió las piernas y se colocó sobre mi miembro, apuntó centrando su pequeño orificio y se dejó caer sobre aquel pedazo de carne palpitante que esperaba para atravesarla por completo, soltó un grito mientras sus piernas se aferraban a las mías, por un instante nos quedamos así, sin movernos, disfrutando del ritmo cardiaco del otro, podía sentir sus palpitaciones abrazando mi pene, ella se arqueó hacia atrás y se agarró de mis piernas, sin decirme nada más comenzó a mover su cadera en círculos y dando pequeños sentones, podía sentir como su vagina se contraía apretándome el pene, sentía que el clímax estaba cerca, estaba seguro que si no hacía algo me correría dentro de aquella desconocida.

Comencé a pensar en otras cosas intentando retardar la eyaculación, sus uñas se encajaron en mis piernas y eso me sacó del trance, creo que hasta sentí coraje, de pronto se hizo hacía adelante y liberó el miembro mientras me susurró que le penetrara por el culo, no sé si fue el coraje o si me pareció perversa la idea de someter a aquella mujer y tenerla rendida a mi placer. Se colocó en cuatro y meneó el culo para llamar mi atención, me levanté y me aproximé por su retaguardia, abrí sus nalgas y dejé caer un poco de saliva sobre aquel pequeño orificio que lucía diminuto ante mi miembro que estaba a punto de reventar, empujé su espalda y la hice que se empinara lo más posible para tratar de tener una mejor posición, jugué con mi glande llenándolo de fluidos y recorrí hasta llegar a su ano, mis manos se aferraron a sus caderas, ella gritaba que la penetrara, que le rompiera el culo, sus gritos me exacerbaron, sin pensarlo empuje el glande sobre aquel orificio y pude ver como un pequeño hilo de sangre surgió de su ano, ella gritaba de placer, me pedía que se lo metiera todo, sus manos se hicieron hasta atrás y me jaló hasta que mis testículos chocaron con sus genitales. Ahí nos quedamos un momento, sintiendo como su recto se acostumbraba a tener mi miembro en ese lugar. Me recargue sobre ella, le tomé del cabello y comencé a bombearle el culo, ella me gritaba cosas extrañas que me provocaron nalguearla. Sus nalgas blancas comenzaron a mostrar huellas de mis manos de las que parecía que brotaría el vital líquido. Ella comenzó a acercarse al clímax, desesperada comenzó a moverse hacia atrás intentando hacerme llegar más adentro de sí. Sin salirme de ella le di la vuelta y la dejé frente a mí, ensartada como estaba coloqué mi pulgar en su clítoris y comencé a penetrarla brutalmente mientras mi dedo frotaba con fuerza su clítoris, sus piernas se recargaron en mi pecho y sus gemidos se volvieron gritos, de su vagina emanaban sendos chorros de fluido blanquecino que me lleno el vientre por completo, su cuerpo se volvió una masa que temblaba con cada arremetida hasta que sus piernas perdieron fuerza.

Sus gritos desaparecieron, su respiración se entrecortaba, sus manos soltaron las sábanas y solo se quedó rendida mientras yo le llenaba el culo con mis fluidos. Me retiré y de su interior brotaban los chorros de semen mezclándose con su sangre y fluidos de su vagina. La sensación era indescriptible, su cuerpo se erizó por completo.

Me fui directamente al baño, estaba fundido, no me dio desconfianza dejar a aquella mujer ahí recostada, casi muerta en mi cama, me metí a bañar. Mientras el agua recorría mi cuerpo intentaba pensar en quién sería aquella briosa mujer. La voz de Sofía me hizo reaccionar, como cada sábado había pasado por mí para ir a desayunar, nuestra relación era extraña, era como su novio pero sin serlo; salí del baño y con prisa regresé a la habitación, Sofía se me quedaba viendo extrañada por mi actitud. En la habitación ya no había nadie, en la sábana estaba una pequeña muestra de lo sucedido y con prisa lo cubrí con mi toalla, le pedí que me dejara vestirme pensando que encontraría a aquella mujer en el clóset, Sofía salió y pude buscar en la habitación.

Ella no estaba, me cambié de prisa y salí hasta la entrada de la casa, ahí estaba Sofía acompañada de aquella mujer, sus ojos brillaban y me regaló una sonrisa perversa mientras me decía:

  • “Hola, mucho gusto, soy la tía de Sofi, me prestó la llave para esperarla aquí, espero no haberte causado molestias”.

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