Adulterio

Abrió sus piernas y me mostró su entrepierna mientras recorría lentamente su labio superior con la punta de la lengua, miré a mi alrededor, no había nadie más a mi alrededor, era obvio que ese noble gesto estaba dedicado a mí, sonreí mientras levantaba mi copa brindando con ella, cual felino caminó hacia mí, saboree el Jack en las rocas mientras ella se acercaba meneando su culo y mostrándome sus grandes pechos bamboleando dentro de su blusa.

– Métemela ya, no aguanto más – suplicaba mientras yo jugaba con mi lengua en su entrepierna, enormes chorros brotaban de entre sus labios mientras sus piernas se erizaban al sentirme explorándole el sexo, sus manos me jalaban el cabello intentando que me detuviera y que le penetrara, sus pezones totalmente crispados me mostraban que estaba a punto de hacerla correrse, de pronto su respiración se entrecortó y se aferró a la cama durante un par de minutos hasta que su cuerpo se rindió y comenzó a retorcerse mientras hundía mi lengua dentro de su vulva rosada.

Yo sabía que no debería estar ahí sentado con aquella mujer, en su mano brillaba un anillo que me anunció que estaba casada, pero era tan excitante dejarme provocar por esta mujer entrada en los cincuentas que definitivamente tenía mucho que enseñarme, sus manos jugaban con el trago, erguía sus pechos invitándome a mirarlos, a imaginar esos enormes globos blancos coronados por unos pezones que imagine rozados. Nos miramos fijamente a los ojos, estaba seguro que tenía que salir de ahí pero la sangre dejó de irse a mi cabeza y dejé de pensar con claridad.

Después de unos minutos me coloqué frente a ella, levanté sus piernas mientras ella me miraba con lujuria, me coloqué sus piernas en el pecho y de un solo movimiento atravesé sus labios y pude sentir con mi miembro el fondo de su vagina, ella soltó un pequeño grito y pude sentir como apretó sus músculos intentando atraparme dentro de ella, me recargué un poco sobre ella y lentamente comencé a entrar y salir de aquella cálida cavidad. Sus manos me sujetaron de las nalgas y me pedía que la atravesara con fuerza, sus pechos rebotaban y sus gritos hicieron que deseara correrme dentro de ella.

Caminamos juntos y salimos del bar, mientras esperábamos el elevador ella preguntó si lo hacíamos en su habitación o en la mía, se abrió el elevador y entramos con prisa, la dejé entrar primero para observar de cerca ese enorme y firme par de nalgas que estaba a punto de estar a mi disposición, apenas si entramos nuestros labios se fundieron en un beso y comenzamos a estrujarnos por esos 45 segundos que duró nuestro viaje al segundo piso donde estaba mi habitación. En cuanto cruzamos el umbral de la puerta la despojé de la ropa y mis labios comenzaron a recorrer el cuerpo de aquella hermosa mujer de más de medio siglo.

Habían pasado un par de horas y ella se había comportado como una jovencita que no quería detenerse y que deseaba seguir teniendo sexo, yo estaba agotado después de haberla hecho mía en cada una de las formas imaginadas, hablábamos de su marido, de como ella salía cada fin de semana intentando encontrar un hombre que la hiciera sentir mujer, me pedía que hiciera un esfuerzo, que realmente deseaba que la penetrara una vez más pero ahora por detrás, se deslizó hacía mi pene y lo comenzó a lamer mientras con sus manos acariciaba mis testículos, era delicioso pero estaba convencido que quizá no lograría la firmeza necesaria para cumplir su deseo, de pronto ella lamió uno de sus dedos y comenzó a recorrer sus manos hasta que encontró mi ano y sin dudarlo lo introdujo de golpe, comenzó a frotarlo hasta que encontró mi próstata, mi pene ni tardo ni perezoso cobró vida y estaba listo para devolverle el favor.

La coloqué en cuatro y le pedí que se recostara hacia el frente, acerqué mi boca y abrí sus nalgas con mis manos, la visión de ese gran par de nalgas frente a mí me pusieron al mil por ciento, le bese el ano y lo llené de saliva, mi dedo índice entró completamente dentro de su trasero, ella comenzaba nuevamente a suplicar que le rompiera el culo, sus manos jalaron las nalgas hacia los lados mostrándome su pequeño año que esperaba ser atravesado, me ensalivé el glande y lo coloqué frente al diminuto orificio, con fuerza empujé hasta que mágicamente se expandió y se engulló mi miembro, podía sentir el pulso de su corazón en mi pene, empujé nuevamente y ella comenzó a gritar de placer, su vagina nuevamente dejaba escapar los fluidos de forma abundante, la tomé de la cintura y de un golpe coloqué todo el miembro hasta que mis testículos golpearon sus labios vaginales.

Apenas si estaba adentro ella se volvió loca y sin esperarme comenzó a moverse en círculos, el mete y saca era brutal, lanzaba su culo hacia mí tratando de que clavarse en lo más profundo mi pene, la tomé del cabello y comencé a bombearla, los gritos de ella eran increíbles, me decía que era mi perra, que le llenara el culo con mi leche, eso me puso al mil, se metió los dedos en la vagina y de pronto deje de entender sus palabras, comenzó a temblar, estaba teniendo un gran orgasmo, su ano me apretaba con fuerza que me obligó a llegar a mí también y cumplirle el deseo de llenarle el culo con mi esperma. En un momento nuestros cuerpos sudorosos cayeron rendidos uno encima del otro, ninguno dijo nada, nos quedamos ahí hasta que el cansancio nos hizo caer dormidos.

Abrí los ojos por la mañana, ahí estaba ella ya vestida y tomándome fotos con una cámara profesional, me le quedé viendo fijamente, no entendía porque estaba haciendo eso pero con lo sucedido la noche anterior pensé que sería algún juego de esta mujer, sonrió y me agradeció lo vívido mientras se escuchaba que alguien tocaba a la puerta, con prisa abrió y yo intenté cubrirme con la sábana, no entendía lo que estaba pasando, de pronto otra mujer y dos hombres de traje entraron a la habitación. La mujer que entró me gritó como si me conociera hasta que mi miró fijamente a los ojos y su cara de sorpresa me dijo que no era lo que esperaba encontrarse, entre ambas mujeres comenzaron a discutir, la mujer con la que pasé la noche no entendía nada, de pronto salieron todos de la habitación y me dejaron ahí.

¿Quién pensaría que por una confusión pasaría una de las mejores noches de mi vida? Al menos puedo sentirme satisfecho de haber salvado a alguien de una demanda por adulterio.

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