Bianca

Le conocí una mañana de miércoles, llegué al banco a cambiar un cheque pero por alguna razón no quisieron cambiarlo hasta que obtuviera la firma del gerente, la sucursal siempre estaba llena y justo cuando me acerqué al escritorio ella corrió la silla y me ganó la oportunidad de hablar con aquel tipo para que firmara mi documento. No me extrañó la maniobra, en esta zona de la ciudad suele haber muchas señoras de sociedad que creen que todo el mundo sobra y te miran con desprecio, como si el haberse casado con alguien adinerado les otorgara un título nobiliario.

 

Su voz se entrecortaba, sus manos mostraban nerviosismo y fue justo en ese momento que pude entender sus palabras, acababan de asaltarle justo en el cajero automático, lo extraño era que en su mano relucía un brilloso diamante que seguramente el ladrón no tuvo tiempo de quitarle, el gerente se levantó de prisa a hablarle a las autoridades y reportar el robo, los guardias rápidamente cerraron las puertas de la sucursal y todos quedamos cautivos en espera de la fuerza pública.

 

Pasados unos minutos el gerente se acercó y me firmó el cheque pidiendo que tuviera paciencia al tiempo que me ofreció que me sentara junto a aquella mujer y que esperara a que reanudaran actividades. Al sentarme ella me miró, sus grandes ojos negros me impresionaron, eran profundos, su larga cabellera azabache rodeaba su bello rostro lechoso. Intentó sonreírme y me pidió disculpas por el retraso. Le rogué que no lo hiciera e intenté consolarla. Me pidió usar mi celular para avisar a su familia, el llanto nuevamente brotó de sus ojos, le ofrecí mi pañuelo y siguió con la llamada.

 

Había pasado un poco mas de media hora, la policía llenó el lugar, nos interrogaron sobre lo sucedido, prácticamente nadie había visto nada, ella seguía respondiendo preguntas y las cajas nuevamente abrieron sus servicios. La cajera me hizo una seña y pude cobrar mi cheque. Me acerqué cuidadosamente y les pedí que me disculparan por interrumpir la declaración pero me tenía que retirar y ella aún tenía mi teléfono. Ella me agradeció y me entregó el teléfono.

 

La semana siguiente regresé al banco y nuevamente el gerente tenía que autorizar el documento, por lo que sin hacer fila me acerque, al verme el gerente me dijo que aquella mujer había dejado algo para mí, sorprendido acepté el sobre y me dispuse a cobrar mi dinero, no le presté demasiada atención y al llegar a casa lo puse en el sillón. No fue hasta un día después que al llegar a casa vi el sobre y decidí abrirlo, en él estaba una carta de agradecimiento y su número de teléfono. Era casi la medianoche, pero me inquietaba saber algo más sobre ella, solo podía recordar su rostro y su aroma, sus labios rosados, sus ojos llorosos, así que no podía quedarme con las ganas de saber porqué había dejado al final su número de teléfono.

 

– Hola, espero no molestar, había olvidado abrir el sobre, muchas gracias por la carta, no era necesario. Atte. El del banco. – le escribí en un mensaje de texto.

 

Después de enviarlo comencé a arrepentirme, quizá debí esperar a que llegara el día y llamarle en lugar de enviar un mensaje tan simple.

 

– Holis, pensé que no te podría localizar para agradecerte 😀 fuiste un lindo cuando más lo necesitaba, obvii que tenia que darte las gracias..

 

Me dieron risa sus palabras y la forma en la que se expresó, estaba decidido a despedirme y dejarla pasar como una experiencia divertida cuando de pronto llegó el siguiente mensaje.

 

– No lo tomes a mal pero quisiera verte, ¿aceptarías que te invitara a tomar algo? prometo no morder jijiji

 

Quisiera decirles que me negué pero no fue así, acepté su invitación y quedamos de vernos en un lugar cercano a mi casa en una hora. Sin decir más me cambié la camisa y salí dispuesto a beber algo con aquella mujer. Pasaron los minutos y ella no llegaba, me dispuse a pagar la cuenta, beberme mi copa y salir de aquel sitio. Justo cuando iba de salida nos cruzamos, estaba hermosa, sus ojos brillaban, su rostro era perfecto al igual que su cuerpo que estaba cubierto por un vestido blanco que dejaba ver su silueta.

 

– ¿Ya te ibas? – me preguntó

 

Sonreí, mientras le decía que era tarde, que justo en unos minutos más cerrarían el bar y que dejáramos para otra ocasión la copa, ella me tomó de las manos y me dijo en voz baja

 

– Me dijiste que este lugar estaba cerca de tu casa, ¿podríamos beber algo allá o también cierras temprano tu puerta? –

 

Esta mujer no tenía ganas de irse sin beber un trago conmigo, le indiqué que estábamos a un par de calles de mi casa y que prefería que camináramos. Mientras recorríamos el Paseo Chapultepec platicamos sobre aquel día, ahí me enteré que le habían despojado de su cartera y su celular, que el vil ladrón le había arrancado el reloj y que por los nervios no habían podido quitarle el anillo de su abuela. Me reí y tuve que confesarle que había notado el anillo y que pensé que existía un hombre en su vida. Soltó una carcajada mientras me correspondía la confianza diciendo que había algunos hombres en su vida pero que ninguno en sus treinta y tantos había podido darle un anillo, así que por eso usaba el de su abuela.

 

Ya en mi departamento abrimos una botella y brindamos por aquel robo, por habernos dado la oportunidad de cruzarnos y por provocar que ella me ganara el lugar con el gerente del banco, hablamos de todo y de nada, hasta el punto de llegar a la vida amorosa de ambos, las botellas comenzaban a vaciarse y nuestros cuerpos a desinhibirse, el alcohol subió la temperatura y cuando menos lo pensamos nuestros labios se fundieron en una batalla de besos y caricias.

 

Ella me apartó y se levantó del sillón, me miró fijamente y con gran habilidad se despojó del vestido, se inclinó sobre mí y me arrancó con fuerza la corbata y arrancó los botones de mi camisa. Me besaba el pecho y el abdomen mientras sus manos quitaban mi cinturón y desabotonaban el pantalón dejándome en ropa interior, la sujeté con firmeza y la coloqué en el sofá, mientras desabroché el sujetador liberando sus firmes y blancos pechos. Mis labios besaron cada milímetro de sus senos, ella gemía y sus manos acariciaban mi cabello mientras se mordía los labios. Mis manos bajaron lentamente hasta su cintura, sujeté con ambas su tanga y la retiré dejando al descubierto su depilado sexo que mostraba un hermoso par de labios rosados apenas cubiertos por una delgada línea de vello.

 

No podía ocultar mi excitación, deseaba penetrarla pero me provocaba aún más probar su sexo, saber que secretos ocultaba la entrepierna de Bianca. Me coloqué frente a ella y abrí sus piernas, su sexo se mostró frente a mí, ella me miró intrigada, no esperaba que acercara mi boca a sus labios, sin detenerme comencé a recorrer con mi lengua su entrepierna, su clítoris emergió y sin perder el tiempo lo chupe lentamente provocando que de su interior fluyeran ríos mojándolo todo. Su cuerpo estaba hundido en un mar de espasmos, puedo asegurarles que se corrió una ocasión tras otra. Sus manos se aferraban al sofá mientras intentaba ahogar sus gritos mordiendo sus labios. En un momento apretó sus muslos y me sujetó del cabello intentando hundir aún mas mi lengua en su interior.

 

Su rostro se ruborizó y su piel se erizo mientras brotaban cascadas de su sexo saciando mis ganas. Su cuerpo se relajó y me liberó dejándome respirar nuevamente. Ambos caímos rendidos mientras reíamos por la experiencia que acabábamos de vivir. La noche era aún larga y ambos estábamos por comenzar a saciar nuestros deseos carnales…

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