El Chef

Cada noche entraba en aquella cocina y ahí estaba él en su espacio, ese pequeño lugar donde se transformaba en un monstruo y mago, donde cual hechicero mezclaba ingredientes transformándolos en verdadero placer. Tengo que admitir que eso me excitaba, verlo ahí ya sin su pulcra filipina y transformado en mortal me ponía cachonda. Era común que al llegar me ofreciera una copa de vino como preámbulo perfecto para lo que habría de suceder, simplemente era mi turno de tomar control de aquel sitio y saciar su hambre con mi cuerpo.

Me viene a la mente una de esas noches donde después de besarnos me sujetó de las nalgas y me colocó en su mesa de trabajo, ahí, lentamente recorrimos el cuerpo del otro mientras nuestra ropa caía al piso. En un instante estuvimos desnudos y sin decir más tomé mi copa y vertí en mi vientre aquel vino mientras abría mis piernas ofreciéndole mi sexo húmedo.

Aún ahora puedo sentir sus labios recorriendo mi vulva al tiempo que su lengua se introducía en mí y sus manos se aferraban a mis nalgas desnudas. El ritmo de sus lengüetazos comenzaba a ser cada vez más intenso, mi cuerpo se estremecía y en un instante lo jalé del cabello y con fuerza lo apreté contra mí, fue ese instante en que de mi interior una marea agridulce inundó su rostro mientras yo me retorcía de placer y llenaba de gritos aquel lugar.

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