El ramo

Le sonreí aceptando su invitación y él no perdió el tiempo, me llevó a un pequeño cuarto detrás del salón mientras las mujeres solteras hacían fila para atrapar el ramo al ritmo de la víbora de la mar; entramos sin que nos vieran.

Rápidamente cerró la puerta y sin decir más sus manos hábiles me despojaron con prisa de mi vestido, sus labios recorrían mi piel desnuda haciéndome sentir escalofríos. En un segundo estaba desnuda frente a aquel desconocido que se abalanzó sobre mis pechos mientras intentaba liberarse de su pantalón dejando escapar su miembro rígido y palpitante que pronto habría estar dentro de mí. No sé cuanto tiempo estuvimos ahí pero fue el suficiente para saciar nuestro deseo.

Al salir de aquel lugar había perdido la oportunidad de llevarme el ramo, pero quedé más que satisfecha de haber asistido a la boda.

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