La casa

En nuestros primeros días viviendo juntos recuerdo que no podíamos controlar nuestros instintos, hacíamos el amor en cualquier espacio de la casa, no importaba si no teníamos un solo mueble, aprovechábamos cada instante para explorar nuestros cuerpos e inventar nuevas formas de hacernos llegar al clímax.

Había ocasiones en que no nos daba tiempo ni de despojarnos de la ropa y simplemente dejábamos que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo. Así poco a poco fuimos conociendo no solo nuestra anatomía sino que pudimos disfrutar cada pequeño espacio de aquella casa.

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