Intercambios

Nunca imagine que tendría el valor de compartir a mi pareja, sin embargo una noche de parejas después de algunos tragos una de mis amigas puso el tema en la mesa, al principio todos reaccionamos extrañados y las risas nerviosas aparecieron en nuestros rostros, nos conocíamos desde la juventud y nunca lo pensamos, sin embargo nadie abandonó la conversación y comenzamos a bromear acerca de lo que podría suceder.

Las botellas de vino siguieron apareciendo y en un instante Laura tomó un bowl y nos pidió depositar nuestras bragas, al principio dudé pero mi esposo asintió con la mirada y sin dudar coloqué mi tanga en aquel tazón.
Uno a uno los hombres en aquella habitación sacaron cada trozo de tela mientras las mujeres esperábamos saber con quién compartiríamos la cama. Era el turno de mi marido, una sensación extraña me recorrió al ver salir la tanga de Laura colgando de las manos de mi esposo. Ambos habían salido en la preparatoria y aunque había sido hace mucho tiempo sé que ambos fantaseaban con tener esta oportunidad. Los celos me estaban carcomiendo hasta el momento en que vi mi ropa interior en la mano de Bruno. Pude notar la mirada de mi esposo, comenzaba a sentir lo mismo que yo, cruzamos miradas y cada uno se alejó con su nueva pareja dispuestos a aprovechar esta noche de locura marital.

Bruno era el esposo de Kenia, un hombre con el que todas fantaseábamos, medía más del uno noventa de tez morena y con un acento que enamoraba solo con saludarte, antes de entrar en la habitación yo ya estaba muy húmeda solo de imaginar lo que guardaba debajo de aquel pantalón de mezclilla. De pronto, aquel hombre me introdujo a uno de los cuartos y gentilmente me colocó en la cama, sus manos hábiles me quitaron la ropa y pronto estuve desnuda frente a aquel hombre que se hincó frente a mí y me recorrió mi entrepierna con su lengua áspera mientras sus manos apretujaban mis pechos y pezones.

No paso mucho para que me hiciera retorcerme de placer y mojarle el rostro con mis fluidos vaginales. Mi piel se erizó por completo mientras el soplaba lentamente sobre mi clítoris haciéndome correr nuevamente.
El se quitó el pantalón y sus interiores al mismo tiempo liberando un gran trozo de carne semi erecto que acercó a mis labios. Sin pensarlo comencé a chupar y recorrer con mi lengua aquel miembro que pronto se volvió rígido, listo para explorar mi interior. Bruno fue gentil y me preguntó si estaba lista o si quería que llegáramos hasta aquí, pero era demasiado tarde para preguntármelo, de una de las habitaciones podía escuchar a lo lejos a Laura gritando de placer y sin dudarlo le pedí que me hiciera suya. Me tomó por la cintura con sus grandes manos y me dejó caer lentamente sobre su mástil palpitante que se abrió paso haciéndome gritar de placer. Tardó un par de minutos mi vulva en acostumbrarse al diámetro de aquel falo.

Nos besamos con furia sin hacer ningún movimiento, podía sentir su verga palpitando dentro de mi y deseaba que me hiciera jadear como mi marido estaba haciéndolo con Laura. Fue entonces que le puse de espaldas y me monté sobre aquel miembro clavándolo por completo entre mis piernas, podía sentir como chocaba con mi pared vaginal. Bruno me miraba asombrado y me tomaba por los pechos mientas como poseída lo cabalgaba tratando de que esta sensación de placer se extendiera el mayor tiempo posible. Poco a poco los gritos de las otras habitaciones iban cediendo pero yo seguía montando a este semental que con fuerza me empujaba contra él apretándome las caderas y exigiéndome que no me detuviera.

Me vine tres veces sobre él, pero no deseaba detenerme, las piernas me temblaban pero deseaba exprimir al máximo esta oportunidad. En un instante quedamos solo él y yo haciendo ruido en aquella casa. Sus manos se aferraron a mi y sentí en lo más profundo su miembro a punto de estallar, así que apreté mis labios lo más posible mientras mi mano buscó sus testículos para hacerlo correrse sin control dentro de mí. Fue increíble sentir su semen inundando mi interior mientras me corría sobre su vientre y caí rendida en su regazo.

Esa fue nuestra primera noche de intercambio, y hoy ya casi cinco años después sigo pensando en aquella noche con Bruno.

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