Imágenes, audios y palabras

Una fría noche de febrero recibí un mensaje de ella, decía que le gustaban los relatos pero que no podía dar me gusta o escribir lo mucho que le entretenía leer las historias porque su pareja era muy celoso. Pero esta noche había decidido romper el silencio y se había armado de valor para escribir y saber quién o quienes eran los autores de las historias que le provocaban sensaciones placenteras.

La charla al principio se tornó en agradecimientos y cortesía, las palabras seguían recorriendo la pantalla del chat, era bastante obvio pero tuve que preguntarle la razón por la que hoy se había atrevido a contactarme. Sin rodeos confesó que estaba a punto de cumplir 45 años y que la deprimía pensar que existían mujeres como las de los relatos, que sin importar nada se atrevían a dejarse llevar por el deseo, pero que después de tantos años casada con un hombre que sabía que la engañaba con cuanta mujer se cruzaba y después de haber concebido un par de hijos sería muy difícil que alguien fantaseara con ella porque su cuerpo no era como en su juventud.

Comenzó a relatarme cuantas veces se excitó imaginando que era ella la mujer de cada relato, que en ocasiones se corrió deseando besar los labios de otra mujer mientras le penetraban por detrás o ser la mujer que desnuda contra una ventana era estrujada mientras su amante le hacía vibrar con cada arremetida como en esas historias que leyó una y otra vez mientras su marido se ausentaba en las supuestas noches con sus amigos.

Poco a poco fui dejando de hacer otras cosas y nos enfrascamos en una charla intentando hacerle entender que ella como cualquier mujer es atractiva y que existe algo más que un buen físico, que existimos algunos que nos excita ver a mujeres de cuerpos reales, que nos encanta fantasear con ellas, con esos culos amplios o de cuerpos maduros, que amamos estar con ellas y que cualquiera desearía estar con una mujer como ella.

De pronto un silencio se hizo en la conversación, juro que pensé que se había asustado y se había ido cuando de pronto en mi pantalla comenzaron a aparecer fotografías de esa hermosa mujer madura de grandes pechos y de labios carnosos que sin duda podía inspirar miles de fantasías e historias. Imágenes de sus nalgas, sus piernas y de su sexo apenas cubierto por un vello rizado aparecían en mi pantalla. Mis manos comenzaron a escribir con mayor velocidad, deseaba hacerle comprender lo hermosa que era. Después de unas cuantas imágenes ella me exigió que le hiciera el amor, que por una noche la hiciera vibrar con palabras escritas solo para ella y así fue.

Recorrí cada parte de su cuerpo con palabras, por una noche crucé la pantalla y probé su sexo una y otra vez al tiempo que ella simplemente enviaba pequeños audios que me hacían seguir describiendo cada una de las formas en que disfrutaría de sus grandes nalgas rosadas y como me aferraría a sus caderas mientras clavaba mi virilidad una y otra vez.

Así pasamos la noche entre letras, imágenes y audios hasta que la luz del sol nos alcanzó y le dio el final perfecto a esa noche en que aquella mujer volvió a dejarse llevar por el deseo perdido y en que el escritor se volvió el amante fugaz del otro lado de la pantalla.

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