Ama de casa

Me encantaba verla caminar desnuda por la habitación, sus movimientos cadenciosos me provocaban a tomarla por detrás y hundirme nuevamente entre ese hermoso par de nalgas morenas. Era una diosa en la cama, insaciable, violenta, indómita, dispuesta a disfrutar cada momento sin limites.

Cada vez que cruzaba mi puerta estaba seguro que algo nuevo sucedería, una mujer distinta aparecía al cruzar el umbral, se entregaba por completo e intentaba que yo le llenara cada una de sus cavidades y que recorriera con mi lengua cada pequeño resquicio de su cuerpo. Era única.

Las horas volaban mientras exploraba su anatomía salvaje y descontrolada que hacía contraste con aquel disfraz de ama de casa que utilizaba en su vida diaria. 

La amé mucho más de lo que ella creía, no importaba que no viviera a mi lado. Sí, confieso que odiaba verla partir, pero disfrutaba mucho observarla mientras se colocaba la ropa y salía presurosa a hacerle de comer a aquel tipo que había olvidado quién era ella.

Deja un comentario