Confesión de una lectora – Allison A.

Quiero relatarles mi experiencia cuando me encontraba en una etapa oscura de mi vida en la que después de violencia en mi matrimonio, y obviamente el sexo era otro de sus métodos de tortura y yo era para él solo un trapo bajo su cuerpo. Así que recién había decidido dejarlo y sin saber cómo ya que era el único hombre con quien había tenido sexo y la relación me mantenía muriendo en vida. Recuerdo que me sentía fea y acabada así que creí que ningún hombre me desearía nuevamente.

Finalmente sucedió y un buen día comencé a escribirle a un ex compañero de la universidad. Él siempre me atrajo, era un hombre alto, de piel bronceada y rasgos duros, además sabía que yo no le era indiferente pues durante esa etapa tuvimos una química sexual intensa. Recordé que varias veces noté como veía mis nalgas mientras yo trabajaba en el restirador y buscaba cualquier pretexto para acercarse a saludar. Hacía vibrar mi cuerpo entero cuando él se inclinaba y respiraba en mi cuello para besar mi mejilla mientras según él veía discretamente mis senos.

Las charlas se fueron extendiendo por algunas semanas y poco a poco él provocó que fuera disminuyendo mi timidez a base de halagos y palabras hasta que un buen día le confesé mi deseo de estar con él. Tenía mucho miedo de que me rechazara y que esta fuera la culminación de mis fantasías reprimidas durante toda mi vida. Sin embargo, el respondió positivamente y quedamos en salir para estar juntos.

Llegó el día de la cita y desde unas horas antes me esmeré en vestirme y maquillarme para él. En ese entonces el cabello me llegaba a la cintura justo encima de mis nalgas. Me perfumé cada lugar de mi cuerpo esencias frescas de notas críticas poniéndole especial cuidado a mis zonas íntimas. Estaba muy nerviosa pero no deseaba detenerme, sacando fuerzas de mi interior llegué al lugar de la cita. Lo vi acercarse en su auto hacia mí desde lejos y caminé en su dirección hasta quedar de pie a un costado de su auto. Me sonrió y gentilmente abrió la puerta del auto y me saludó como era costumbre, respirando en cuello tras oler mi cabello, con la diferencia de que en esta ocasión el beso fue directamente sobre mis labios y sin rodeos. Hizo que desaparecieran mis miedos y subí al auto. Condujo directo al motel más cercano, yo creo que notaba mi nerviosismo que le urgía llegar y no dejar que me arrepintiera.

Entramos al lugar y ya en la habitación, volví a sentir nervios y en ese instante le pedí que apagará la luz, pero él se negó. Me tomo por los hombros tratando de tranquilizarme y me dijo que sólo éramos dos amigos platicando. Me abrazó y yo correspondí acurrucándome en su pecho buscando tranquilizarme. Justo en ese momento comenzó a acariciar mi espalda y metió su mano debajo de mi blusa y sus labios buscaron los míos. Fue en ese momento que sentí como su virilidad crecía debajo de sus pantalones mientras que con sus manos comenzó a desabotonar mi blusa hasta dejarme solo cubierta por mi sujetador, se detuvo a admirar mis pechos palpitantes que atrapados por el sostén negro con broche al frente que me puse especialmente para él. Aún recuerdo la sensación en mi piel del contacto de sus manos al liberar mis senos. Me desnudó con maestría y gentileza mientras su boca me brindaba besos en cada centímetro de piel. Mientras tanto mis manos torpes intentaban quitarle la ropa y sentía mucha curiosidad por ver su entrepierna. Así que dirigí mi atención hasta que pude descubrir su miembro erecto y húmedo que estaba ahí imponente y presto para llenar mis cavidades. Sentí un poco de nervios ya que en ese momento no supe si podía meter ese trozo de carne en mis estrechas cavidades.

Me alejó y dio un paso atrás para ver mi cuerpo desnudo, elogió las formas curvas de mis senos, el contorno en mi cintura, mis piernas que le parecían bien formadas y todo eso que me hacía falta escuchar como mujer para sentirme bonita. Era hermoso sentir su mirada acariciando mi cuerpo como si no le fuera ajena y realmente lo fui hasta ese día cuando por fin me tuvo desnuda frente a él. Nuevamente se acercó y con la mirada me hizo hincarme mientras acercó su gran falo a mis labios. Me moría por meterlo a mi boca y probar su sabor mientras lo recorría con mí lengua desde la base hasta la punta. Él me guiaba el ritmo con sus manos sobre mi cabeza durante unos minutos hasta que se puso realmente rígido y lo que parecía imposible, creció dentro de mí boca.

Fue en ese momento que me hizo sacármela de la boca y me levantó hasta que mi vagina que en esos instantes estaba muy mojada y deseosa estuvo al alcance de sus manos bruscas donde sin decir más hundió sus dedos en busca de mi clítoris. Así estuvimos unos minutos hasta que me tendió sobre la cama y para ese instante mi vagina estaba hambrienta y deseaba tenerlo dentro de mí. Fue ahí que me jaló bruscamente por las piernas hasta que su gran verga rozó mis labios y sin piedad me penetró brutalmente mientras ambos entre gemidos de placer y el ruido de nuestros sexos disfrutábamos las sensaciones hasta que se escapó el murmullo de mis labios incrédulos

– En verdad está pasando-

Mientras él se apoderó de mi cuerpo con rudeza dándome besos y pequeñas mordidas. Estaba en el paraíso, no podía con tanto placer cuando con destreza giró mi cuerpo y me puso en cuatro sin decir más, con su mano me empujó haciendo que me empinara y se aferró de mis caderas para embestirme nuevamente mientras mis gemidos de dolor y placer escapaban de boca. Un torrente de mis fluidos vaginales recorría mis muslos y sus piernas. Ahí con una voz gruesa comenzó a confesarme en cada arremetida las innumerables veces que soñó despierto con tenerme, así como en ese preciso instante. Llenó sus dedos de saliva y los acercó para estimular otro orificio de mi cuerpo. Era el único lugar en mi cuerpo donde nadie había estado hasta ese día. Se detuvo y me preguntó si podía meter su miembro en aquel pequeño orificio y yo no pude negarme, estaba muy excitada y respondí que si pero que lo hiciera con cuidado.

Sacó su venoso miembro de mi vagina y lo colocó sobre mi ano pequeño y poco a poco empujó mientras que el dolor recorrió mi cuerpo hasta tenerlo totalmente dentro. Ahí nos quedamos inmóviles y todo mi cuerpo transpiró frío. Él me murmuraba al oído que así deseaba tenerme, “como a una puta” y con sus manos recorría con caricias suaves mis pechos. Con su otra mano guió las mías hasta mi clítoris y me ordenó que me tocara mientras sentía como entraba y salía de mí con fuerza. Él comenzó a cambiar el ritmo que era primero lento y conforme iba sintiéndome segura se movía con más y más fuerza, mis piernas se vencieron ante su cuerpo y él me detenía para no detenernos. Mi mente volaba entre destellos de luces de colores y mi cuerpo sólo sentía esa corriente eléctrica que recorría con placer todo mi cuerpo.

Así pasamos bastante tiempo hasta que nuestros cuerpos no pudieron más y terminamos juntos en un orgasmo largo y placentero. Al terminar, él besó con delicadeza mi espalda y se separó de mí con su falo que aún estaba firme dejando mis cavidades hinchadas y satisfechas. Estaba exhausta así que reposé entre sus brazos admirando mi cuerpo marcado por sus manos y el placer que acababa de sentir. Fue entonces que entendí que nunca antes había experimentado la sensación de llegar a un orgasmo y también fue ahí que murió la niña débil y sumisa para descubrirme como una mujer sexual y libre entre sus brazos.

Allison A. – México

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