El escritor y la prostituta.

Enciende un cigarro y se toma un respiro, observa en la mesa el cuaderno en blanco esperando que algo aparezca de la nada, aspira de golpe e inunda su pecho con nicotina, busca encontrar la inspiración; esa que otras noches le acompañaba el insomnio, pero esta noche es como las anteriores, llena de colillas de cigarro, de vino tinto en vaso desechable y de querer borrar el recuerdo de aquella golfa. Se jala el cabello en señal de molestia e intenta escribir unas líneas, se da cuenta que repite una y otra vez las mismas palabras, toma el papel entre sus manos y hace lo mismo que con las mil quinientas anteriores, el bote de basura esta por desbordarse, sirve otro trago de tinto barato, piensa en cómo pudo involucrarse de esa manera. Piensa que todo era más fácil cuando la observaba desde la ventana del tercer piso, las historias fluían, la veía acercarse a los autos y fabricaba historias donde cada noche ella terminaba con aroma a semen de algún extraño pervertido y con algunos dólares que servían para pagar la habitación de aquel hotel de quinta y suficiente para pagarle al padrote que la dejaba venderse en aquel sitio.

Encendió por enésima vez un cigarrillo, se acercó a la ventana y la observa nuevamente ahí en su esquina, pero hoy no es como todas las noches anteriores, ahora lo inunda la sensación de molestia cada que la ve subirse a un auto y estacionarse en el callejón, su mente comienza a crear historias y en cada una el dolor invade su pecho aunque no entiende el porqué, él sabe que es una puta pero reconoce que ya se ha vuelto algo más para él, piensa en ese momento que quizá nunca debió cruzar la calle, habría sido mejor solo observarla a lo lejos. Intenta no pensar, ve las siluetas dentro del coche y puede ver como ella se abalanza sobre la entrepierna de aquel que hoy vino a pasar un buen rato. Siente rabia y comienza con una nueva historia, la imagina ahí sentada con los pechos desnudos chupando el miembro flácido de aquel desconocido que por 50 dólares habrá de satisfacer sus bajos instintos. De su cabeza comienzan a fluir palabras que escribe con prisa sobre otro trozo de papel arrugado, comienzan a tomar forma, ahora si está realmente inspirado, no deja de ver aquel auto sin embargo se concentra y continúa escribiendo.

Ella se detiene cuando ha logrado que la sangre endurezca el falo de aquel tipo, busca ganar otros dólares dejándose penetrar por aquel hombre así que se monta sobre él y con su mano se hace a un lado la tanga mientras acerca su sexo al mástil palpitante de su cliente. Lo apunta con gran precisión y de un sentón devora la mitad de aquel pene oscuro. Un segundo impulso la hace enterrarlo hasta el fondo mientras el hombre le recorre el vestido hasta dejar al descubierto sus pechos blancos. El hombre se aferra tomándola del culo con fuerza, está a punto de eyacular y ella no detiene sus movimientos de cadera que están volviendo loco a aquel tipo. Es tanto el movimiento que ella hace sonar el claxon en cada arremetida. El escritor no puede detenerse, sigue escribiendo cada línea describiendo la escena de fornicación que sucede en aquel callejón. Ella abrió los ojos justo en el momento en que aquel hombre eyaculó dentro de ella y pudo ver al escritor observándolos, ahí vinieron a su memoria los recuerdos y sensaciones de cada ocasión en que hacían el amor en aquella habitación, donde no importaba el tiempo y donde dieron rienda suelta a cada una de sus fantasías y deseos.

Ambos cruzaron miradas, ella intentó decir algo mientras el escritor decidido ponía el punto final en aquel papel, en ese momento solo bastó un ligero parpadeo de ella, un par de detonaciones iluminaron la calle quitándole la vida a ella y al hombre en el auto. Un tercer disparo dejó moribundo al padrote haciéndolo caer en el piso. El escritor sonrió, definitivamente había encontrado como darle un buen final a su historia, dejó el arma en el piso, puso en orden las hojas en su mano y se sentó a esperar.

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