Buenos días…

Eran cerca de las siete de la mañana, el sol se colaba entre las cortinas iluminando la habitación, recuerdo cubrirme los ojos con la almohada para tratar de dormir unos minutos más que de costumbre. Estaba justo llegando al sueño profundo cuando sus manos se introdujeron en mis calzones y sin decir más se apoderaron de mi miembro que esa mañana despertó antes que yo. Pude sentir sus labios brindándole caricias a mi glande mientras con su lengua jugaba con el pequeño orificio provocó que abriera los ojos y recuerdo verla ahí mirándome con sus grandes ojos verdes mientras me daba los buenos días muy a su estilo. Sus manos acariciaban mis testículos mientras ella intentaba tragarse por completo mi verga que comenzaba a palpitar ante el estímulo de sus labios y sus manos.

Estaba muy excitado y verla ahí con su pijama dándome los buenos días merecía que yo le retribuyera de alguna manera por lo que la hice que girara y le despojé de su pantalón dejando a mi alcance sus labios húmedos que aún guardaban ese aroma delicioso tan característico de cada mañana. Sin decirle más besé sus labios y mi lengua recorría su sexo de arriba abajo mientras ella comenzaba a dejar escapar pequeños gemidos de placer. No paso mucho para que ella se desatendiera de mí, se sentó sobre mi cara y comenzó a mover sus caderas sobre mi boca con más ritmo mientras con sus dedos acariciaba sus pezones gritándome que siguiera comiendo de su sexo, no pasó mucho para que sus muslos me apretaran con fuerza y colocó sus manos sobre mi pecho y se corrió hasta inundarme la boca al tiempo que sus gritos se ahogaron en un gran suspiro al tiempo que se tendió sobre la cama rendida.

Mientras recuperaba el aliento comenzó a despedirse, diciendo que iba a extrañar la forma en que me alimentaba de su vagina cada que teníamos sexo. Pero prometía volver en verano para pasar unos días recuperando el tiempo perdido. Apenas se había recuperado y me invitó al baño para que no me quedara con las ganas. Estaba muy excitado, apenas si entramos a la ducha comencé a besarla y sin decir más yo ya estaba completamente rígido así que la giré y la puse contra la pared mientras abrí sus piernas para dejar a mi alcance sus nalgas e introduje mi verga en su vagina que seguía muy húmeda por lo ocurrido. Ella dejó escapar un par de gemidos y el agua recorriendo su espalda caía justo sobre mi falo que entraba y salía de su interior con fuerza, la tomé de las caderas y comencé a bombear con fuerza hasta que en un movimiento equivocado mi glande resbaló y se introdujo en el pequeño orificio haciéndola gritar de dolor. Pensé que me pediría que me saliera, nunca habíamos probado por ahí pero ella solo me pidió que lo hiciera despacio, podía sentir sus palpitaciones en mi glande, la tomé con firmeza y poco a poco me introduje hasta el fondo. Sus piernas temblaban y en más de una ocasión soltó gritos de dolor y placer pero me pedía que no me detuviera.

Sus manos comenzaron a frotar su clítoris y por la cercanía acariciaba mis testículos. Era tanta la presión de su ano sobre mi verga que pronto estuve cerca del clímax. Ambos aceleramos el ritmo y el sonido de nuestros cuerpos chocando y el agua se mezcló con nuestros gritos de placer mientras ambos llegábamos al orgasmo y ella se corría mientras sus piernas colapsaban y mi verga inundaba de semen su recto. Ambos nos fuimos al piso y sonreímos ahí desnudos, nos habíamos rendido al placer. Había sido la despedida perfecta, estábamos seguros que nos extrañaríamos mutuamente pero estábamos seguros que iba a ser muy difícil que nos olvidáramos de lo ocurrido con facilidad.

Hoy han pasado unos días apenas de su partida y estoy esperando que los días corran con mayor velocidad para que lleguen las vacaciones y podamos nuevamente dejarnos llevar por la lujuria, la carne y el placer que nos brinda la combinación de nuestros cuerpos.

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