Monday, 16 Jul 2018

Recuerdos de infancia…

Crecí en una casa de la Colonia Moderna de Guadalajara, era una casa muy grande y mis papás siempre estaban entre el trabajo y otras actividades por lo que tenían nanas y personal de servicio para que me atendieran mientras ellos no estaban. Así fue que siempre sentí más cariño por mi nana Antonia que prácticamente fungió siempre como mi madre. Recuerdo que estaba a punto de cumplir 15 años cuando a la casa llegó la sobrina de nana Antonia y que llegó de un pueblo en Michoacán porque murió su papá y no le quedó más que venirse a trabajar a Guadalajara.

Era una mujer muy bonita, su piel morena y su largo cabello oscuro acentuaban sus grandes ojos negros. Además, tenía unos labios carnosos que pintaba de un rojo intenso que la hacían ver mayor, su cuerpo era algo impredecible ya que usaba ropa muy holgada que ocultaba su figura. A las pocas semanas ella entró a la escuela por las mañanas y ya por las tardes ayudaba a su tía a recoger y atender las labores de la casa. Con el tiempo a mis papás les pareció una buena idea que ella fuera quien me cuidara mientras ellos salían con sus amigos, cosa que no me gustó al principio pero que habría de cambiar en los siguientes meses.

Una mañana de verano faltaban algunos días para salir de vacaciones, pero ese día no tuve clases. Así que me subí a la azotea donde teníamos una pequeña bodega donde se guardaban los muebles viejos y algunos objetos de decoración. Mi papá me había dado permiso de hacerlo mi guarida a falta de casa del árbol, así que cuando descansaba me subía a pintar o arreglar algo para mejorar mi guarida. Esa tarde llevaba unas cuerdas para intentar colgar unos posters, pero justo cuando pasé por el tragaluz de uno de los baños el sonido del agua me hizo acercarme a ver, ese fue el instante más placentero de mi existencia hasta ese momento, ahí estaba ella con su cuerpo voluptuoso, desnuda ante mí con los ojos cerrados mientras el agua se deslizaba recorriendo sus grandes pechos y su amplio trasero.

Me sentía extraño, era el momento más delicioso verla ahí desnuda, fue en ese instante que perdí la inocencia, en mi entrepierna surgió una erección que crecía mientras la miraba y pronto sentiría la necesidad de tocarme mientras pensaba en ella y su hermoso cuerpo de bronce. Ese día las ganas me obligaron a cambiar mis planes, fue entonces que mi guarida se convirtió en el lugar donde planearía mil y una formas de espiar a mi niñera y sus hermosos pezones oscuros que no salían de mi mente.

A partir de esa mañana recuerdo que cada regalo que pedía a Santa o de cumpleaños tenía que ver con mi nueva actividad de espía. El primer regalo que tuve que justificar fueron un par de lentes binoculares con el pretexto de que íbamos a ir a Mazamitla y que quería observar las aves. El siguiente regalo fue una cámara vieja de vídeo a la que se unieron a lo largo de un año un telescopio y finalmente una cámara de fotos portátil con su visor de negativos

El plan iba muy bien, me gustaba sentirme excitado, pero era inexperto y no sabía aun lo que era masturbarse, por lo que solo disfrutaba espiarla y pensar en ella mientras me ocultaba en mi guarida. Todo parecía ir bien, hasta que una tarde mis padres se fueron a la casa de mi abuela y le encargaron que me llevara de comer a la guarida porque me la pasaba ahí mucho tiempo. Para ese momento ya tenía un viejo televisor donde conectaba la cámara de vídeo para ver mis películas donde grababa momentos en que la espiaba sin que se diera cuenta, algunos eran de su gran culo bamboleándose mientras trapeaba el piso, otro mientras lavaba la ropa en el fregadero y mi obra maestra, aquel donde  oculté mi cámara en su cuarto y la grabé mientras se vestía, no lo niego, estaba tan excitado que comencé a tocarme cuando ella sin avisar abrió la puerta y me atrapó con los pantalones en el piso y con mi mano sosteniendo mi pene erecto.

Les juro que me asusté demasiado y solo me levanté y traté de cubrirme con las manos, pero, ella muy tranquila puso la charola en una mesa y me miró, cerró la puerta, volteó a verse en la pantalla y me preguntó si era ella la que estaba ahí. Yo solo balbuceaba. Ella comenzó a regañarme y a darme órdenes para que le mostrara mi miembro, que no sé si era por el miedo o por la excitación que se puso aún más rígido. Me miró y me dijo:

– Vaya que eres un cabroncito muy caliente, ¿te gusta mucho espiarme?

Sin poder decir palabras asentí con la cabeza y ella me dijo:

– Pues, ahora tendrás que hacer todo lo que te diga o le digo a tus papás de tu sucio secreto

Yo no dejaba de decirle que sí, y fue cuando me preguntó:

– ¿nunca te la has jalado?

Sentía el rostro muy caliente y solo atiné a decir que no sabía cómo hacerlo, entonces dio dos pasos y se colocó frente a mí, puso un poco de saliva en su mano y tomó suavemente mi pene para comenzar a frotarme con prisa. Era tanta mi excitación al sentir sus manos agitando mi verga que simplemente eyaculé con tanta fuerza que le manché el vestido, las manos y algunas gotas cayeron sobre la charola de la comida.

Fue increíble, ella se levantó y me sonrió, tomó de mi charola una servilleta y se limpió mientras me ordenaba que tendría que hacer cosas por ella o de lo contrario mis padres se enterarían. No puedo negar que sentí algo de miedo de su amenaza, pero a partir de ese día ella se comenzó a mostrar más descaradamente frente a mi cámara.  Me daba material para seguirme masturbando pensando en ella. Hasta que una tarde me ordenó que tenía que recompensarla por dejarse grabar. A partir de ese día mis domingos y lo que me daban de dinero para el recreo se lo entregaba a ella.

Nos volvimos más intrépidos, aprovechábamos cualquier momento para que me enseñara los senos o que levantara su falda para mostrarme que no traía ropa interior. De vez en cuando se aparecía por la guarida para ver lo que grababa o disfrutar de las fotos que le hacía. Pasadas algunas semanas ella ya era mi modelo de desnudo y no fue hasta una tarde lluviosa donde ella tomó la iniciativa y pasó de masturbarme con sus manos a introducirla totalmente en su boca y regalarme una mamada que hasta hoy no he podido olvidar…

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: