Monday, 16 Jul 2018

El Juego

Después de que lo propusiéramos, ninguno de los cuatro sabía cómo seguir. Éramos como niños con juguete nuevo, el deseo nos consumía pero el miedo a tocarnos era mayor. Tuvimos que dejarlo a la suerte, pero un juego de piedra, papel o tijeras no bastaría; una botella se convirtió en el instrumento que definiría quien comenzaba el juego y quienes serían meramente espectadores.

En el trato, ella pidió ser la primera así que giró con prisa la botella mientras los demás nos mirábamos unos a otros tratando de cubrir nuestros sexos con las manos, en nuestros rostros era evidente que temíamos ser elegidos y no poder cumplir con la tarea propuesta. Los giros fueron haciéndose cada vez más lentos y el tiempo se volvía eterno cada que la boca de la botella apuntaba hacia mí.

Con cada giro, Samara miraba a cada uno directamente a los ojos, como si buscara encontrar razones suficientes para cumplir el reto que nos habíamos propuesto. Frotaba sus manos tratando de secar el sudor, cada uno de nosotros le gustaba de alguna manera, éramos amigos pero, tenernos a los tres ahí, listos para desvirgarla parecía provocarle la necesidad de recoger su ropa y huir con prisa de ese lugar.

Miro a Maro, ellos se conocieron una mañana de septiembre en el salón de clases cuando con sus ojos verdes y sus grandes cejas, él la cautivó al cruzar el umbral de la puerta. Dejó escapar una sonrisa tímida, llegaba a su mente el número de veces que lo soñó seduciéndola, recorriendo su piel con esos labios carnosos mientras ella cedía ante sus manos firmes y su cuerpo atlético. Por desgracia hasta ahora nunca había podido ser más que su amiga y ella se conformaba con hacerlo suyo entre sueños.

La botella seguía girando lentamente, por un instante apuntó a Tadeo, con su cara de niño, una mirada tierna que te hacía sentir más compasión que deseo por él, su cuerpo pequeño y delgado lo hacía ver frágil, pero ahora ella parecía tener demasiadas dudas sobre él, todos jamás imaginamos que entre las piernas flacas de aquel muchacho se escondiera un miembro tan disímil a su cuerpo. Apretaba sus muslos intentando ocultar la humedad que comenzaba a emanar de su sexo apenas cubierto por una fina capa de vello, lo veía fijamente y se mordía el labio tratando de contener las ganas de colocarse aquel pene majestuoso dentro de su vagina.

La abertura del recipiente finalmente se detuvo y apuntó directamente hacía el lugar donde estaba yo, Samara me miró fijamente y compartimos una mirada cómplice, en varias ocasiones pasamos la noche contándonos nuestros secretos sobre quienes nos gustaban y con quienes fantaseábamos. Volteé a ver a mis compañeros y sus falos se irguieron imponentes de inmediato. No podía creer que sería yo quien le quitaría la virginidad. Me crispaba los nervios pensar que las cosas no salieran como lo habíamos planeado. Ellos asumieron su rol y cómodamente se sentaron en la alfombra mientras Samara y yo acercamos nuestros cuerpos, sus manos se posaron de inmediato en mi cintura, nuestros rostros se acercaron y tímidamente nos besamos mientras veíamos como ellos se masajeaban con desesperación la entrepierna.

No puedo negarlo, sentí miedo, pero era aun mayor el calor que invadió mi entrepierna, podía percibir como la sangre se agolpaba bajo mi vientre, su piel se erizó cuando deslicé mis labios fuera de su boca y comencé a besarle el cuello. Sus pezones se pusieron firmes, la guie hacia el piso mientras escuchaba como la respiración de Maro y Tadeo se hacía cada segundo más difícil. Ella cedió siguiendo mis órdenes, era lo acordado, seguí bajando por su abdomen hasta encontrarme con su monte de venus, de su entrepierna los fluidos comenzaron a humedecer la alfombra, yo no pude contenerme, mis pezones se pusieron rígidos cuando sus manos acariciaron mi espalda, sentí que perdía el control, ella comenzó a jadear y suplicó que hundiera mis dedos dentro de su vagina, deseaba sentirme dentro de ella, yo sin pensarlo accedí, la curiosidad por explorar su sexo era mayúscula en ese momento.

De pronto dos de mis dedos atravesaron entre sus labios rosados y ella soltó un grito de placer que me hizo mojarme, volteaba a ver a Tadeo que nos miraba con deseo, su glande comenzaba a tornarse púrpura, Maro con los ojos cerrados solo se dedicó a escuchar mientras jalaba con fuerza su miembro. Yo indagaba el interior de Samara trazando círculos, cada roce la hacía gemir, de pronto plantó sus talones en el piso y arqueó su espalda para que yo pudiera llegar hasta el fondo con mi mano, fue ahí que sentí esa fina barrera que me impedía entrar por completo, abrió los ojos y cruzamos miradas, empujé con más fuerza, en ese instante, un pequeño hilo de sangre escurrió desde su intimidad hacía mi muñeca, yo deseaba parar, sentía que le estaba lastimando, en lo único que pensaba era en que esto terminara y romper el trato, por otro lado sentía la necesidad de lanzarme sobre Tadeo y meterme ese gran tronco que estaba segura me atravesaría por completo y acabaría con el deseo que comenzaba a devorarme.

Los gritos de Samara se hicieron graves, me exigía que metiera y sacara mis dedos con prisa, sus manos intentaban aferrarse a la alfombra mientras que sus piernas apretaron mi mano tratando de introducirla aún más al fondo, todo se volvió más violento, entraba y salía con fuerza de aquella pequeña cavidad, fue en ese momento que ella llegó a la cúspide, sus gritos llenaron la habitación lo que provocó que cual volcanes lechosos Maro y Tadeo lanzaran sendos chorros de esperma sobre nosotras. Mi mano ensangrentada salió de su interior mientras ella quedó retorciéndose víctima de los espasmos que recorrían su cuerpo y que provocaron que me corriera al vernos a todos ahí, víctimas de nuestra naturaleza, con los sexos derramados, con esa lluvia de fluidos y aromas que completaron aquella escena.

Era evidente que habíamos traspasado los límites hasta ahora conocidos, en nuestros rostros se podía distinguir una ligera sonrisa perversa, la inocencia de nuestros rostros había desaparecido, a partir de aquel día nos convertimos en algo más que hermanos, sin saberlo habíamos creado una fraternidad sexual, en la que experimentamos sin prejuicios ni razones dándole rienda suelta a cada una de nuestras más bajas perversiones.

 

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