Monday, 16 Jul 2018

El viaje.

El calor era insoportable, aquel asiento era el único disponible en el camión, pensó que era mucho mayor su cansancio que su afán por evitar el fuerte rayo del sol. El camión había avanzado unas cuadras cuando vio a una mujer hacer una señal para que el camión se detuviera. Desde que subió no pudo dejar de mirarla, sus piernas largas le cautivaron y ni que decir de su cabello que parecía estar formado por hilos de fuego, imaginaba las partes del cuerpo que aquel vestido veraniego apenas lograba cubrir.

Después de pagar su boleto, ella se dio la vuelta, lo miró y como si tratara de provocarlo, se acercó y agitó su roja cabellera frente a él, sin dudarlo le cedió el asiento y se mantuvo a un lado de ella, desde la nueva perspectiva pudo admirar sus pechos redondos asomándose en el escote, era la mujer que tantas veces había imaginado. La mujer tomó asiento y pareció alegrarse por la suerte de encontrar a alguien cortés.

En un instante el camión se llenó  de pasajeros y el espacio entre ellos se volvió cada vez menor, de pronto el hombro de ella rozó levemente la entrepierna de él. Una descarga eléctrica recorrió su espina dorsal que sumada a las imágenes de sus senos y el roce, hizo que su miembro cobrara vida inmediatamente.

Ella sintió el roce y volteó a verlo, se dio cuenta de la erección que había provocado en él, en este momento cruzaron miradas, ella frunció las cejas y se levantó del asiento, él pensó que ella se había ofendido, esperaba que saliera con prisa de aquel lugar, pero por el contrario con un gesto le invitó a sentarse, contrariado por la actitud de ella, hizo lo que le propuso, se sentía apenado por la situación y no le quedaba más que aceptar la invitación, miró hacia el frente del camión tratando de evitar verla, de pronto ella se dio la vuelta y tomó asiento encima de él. Los dos se quedaron quietos sin decir una palabra.

El se aferró con fuerza a la barra del asiento frontal, el movimiento del camión hacía que el roce fuera insoportable, podía sentir las bien formadas nalgas de ella abrazar su miembro, volteaba a ver a la gente a su alrededor, deseaba sujetar sus pechos y hacerla suya, tenia ganas de liberar del encierro brutal en el que estaba su pene e introducirlo en aquella hermosa pelirroja. Le excitaba aún más la idea de cogérsela frente de todos aquellos desconocidos a los que poco les importaba lo que sucedía en aquel asiento. Los segundos de fricción le parecían eternos, intentaba pensar en algo más, deseaba hacer más larga la experiencia pero la sensación de calor emanando del sexo de aquella mujer fue demasiado y no pudo contenerse, sus manos tomaron con fuerza los pechos de la pelirroja y la acercó aún más hacía él, en ese instante una mano grande y fuerte lo zarandeó.

-Joven, joven, esta es la última parada, hasta aquí llego- le dijo el chofer. Abrió los ojos, estaba solo, un poco contrariado, pero una sonrisa placentera se dibujó en su rostro mientras bajaba del camión, después de todo, había sido la mejor experiencia de su vida y por tan solo 6.00 pesos.

 

Xavier Díaz de León

 

Este texto fue escrito en uno de esos trayectos prolongados en transporte público, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

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