Monday, 16 Jul 2018

Multitudes…

-¿Qué demonios está sucediendo? ¿Dónde estoy?-

Su mente estaba en blanco, aquella habitación era demasiado obscura, solo podía distinguir algunos muebles en aquél lugar, el frío le hizo notar que se encontraba desnuda, el ardor en su entrepierna le obligó a explorarse, del interior de su sexo emanaban pequeños torrentes de liquido seminal.

– “¡Chingada madre!” – exclamó

Se sentó en la cama y tomó la sábana para intentar quitarse aquel liquido viscoso, con la poca luz intentaba encontrar su ropa, al fondo un halo de luz se asomaba por debajo de una puerta, supuso que era el baño. Intentó ponerse de pie pero sus piernas temblaron, como pudo se levantó, caminó torpemente y abrió aquella pequeña puerta, efectivamente era el baño y su ropa estaba ahí, húmeda, colgada en el tubo dejaba caer pequeñas gotas de agua, miró por la ventana y afuera aún llovía. Se sentó en la taza y abrió sus piernas, abrió con cuidado los labios que lucían hinchados y que le provocaba una ligera molestia, las gotas de semen seguían escapando de su sexo, caían directamente en el agua mientras ella intentaba presionar su vientre para sacar todo de su vagina. Podía distinguir el sabor del semen, estaba segura que se la había mamado a alguien en algún momento que no recordaba.

Se levantó, abrió la llave del lavamanos, atrapó con su mano un poco y se enjuagó con prisa, una y otra vez repitió la operación hasta que sintió un poco de mejoría, su mente intentaba recordar lo sucedido, buscaba en sus recuerdos y las últimas imágenes eran de ella bebiendo con sus amigas en aquel bar, respiró profundo.

– “¡Siempre es lo mismo, chingado!” –

En ese momento levantó la mirada y pudo verse en el espejo, su cuello era un mapa que mostraba los estragos de la batalla nocturna, mordidas y moretones cubrían su cuello casi por completo, sus pechos tenían marcas de mordidas, una sensación de miedo comenzó a invadirla.

– “¡No mames!, ¡Me violaron! – pensó

Con prisa tomó su ropa húmeda y se la colocó, le urgía salir de este sitio, esperaba que solo hubiera sido una noche salvaje y que el tipo hubiera quedado complacido y la dejara ir sin problema. Salió del baño y en la habitación encontró sus zapatillas, el frío comenzaba a recorrer su cuerpo pero era aún más grande su necesidad de salir de ahí. Abrió con sigilo la puerta de la habitación, miró por el pequeño espacio y su sorpresa fue aún mayor.

– “¿Dónde chingados estoy? – se preguntó nuevamente

En aquella sala se encontraban 8 hombres de distintas edades y razas desnudos, con sus miembros colgados, rendidos ante lo sucedido y viendo en una pantalla un vídeo porno, en el fondo dos sujetos, sentados enfrente de una computadora avanzaban y movían el vídeo que los otros disfrutaban. En ese momento ella miró a la pantalla y no podía creer lo que estaba viendo, aquellos hombres se colocaban alrededor de una mujer y ella cabalgaba sobre el pene de uno mientras los otros se masturbaban y le acercaban los falos en forma de ruleta y los mamaba uno por uno, los hombres le pellizcaban y mordían los senos y otros la tomaban por el cabello acercándola hasta introducir su miembro hasta el fondo de su garganta.

Sintió que el mundo le daba vueltas, veía a aquellos hombres disfrutar del espectáculo, escuchaba sus comentarios acerca de como la penetraron en cada turno y a quienes inclusive se corrieron dentro de su boca, las risas le hicieron hiperventilar, en ese momento se abrió totalmente la puerta y ella cayó desmayada frente a todos aquellos extraños.

– ¿Qué pasó?, ¿Dónde estoy? –

Lo vio frente a ella, en su semblante se notaba la preocupación, le hacía una y mil preguntas mientras le acariciaba el cabello, ella no entendía nada, miraba a su alrededor tratando de buscar a aquellos hombres pero solo estaba él.

Recorrió con la mirada aquel cuarto de motel, era la misma habitación de siempre, no había nada raro, él estaba ahí desnudo tratando de entender que le había sucedido se recostó a su lado y le comenzó a relatar lo sucedido, le dijo que como siempre se colocó encima de ella y la penetró, después de un ligero grito ella se había desvanecido y que antes de que se diera cuenta volvió en sí preguntando lo sucedido. Ella no quiso platicarle nada, lo miraba extrañada, le parecía increíble, juraba que había sido real, el dolor, el semen y aquellos hombres, se recostó y volteó a ver la televisión, ahí estaban ellos, mirándole con deseo, esperando, listos para aparecer a partir de ahora en cada una de sus pesadillas.

 

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