Monday, 16 Jul 2018

Sus labios…

Todo comenzó aquella noche por mi bendita costumbre de besar los labios de las mujeres que me invitan a compartir su lecho. Seré sincero, me encanta hincarme ante ellas, abrir sus piernas y besar sus labios apasionadamente y sentir como la respiración poco a poco se va acelerando, separar sus labios cálidos con la punta de mi lengua y recorrer su sonrisa vertical degustando el néctar de sus vulvas que se ofrecen ante mi. Me gusta escucharlas gemir y que con furia me jalen del cabello para no dejarme escapar de su entrepierna.

Esta mujer sabía distinto, de su interior emanaban ríos de un néctar agridulce y cristalino que me inundaban el rostro, sus largas piernas buscaban apresarme y obligarme a no dejar de recorrer su rosada vagina con mi lengua áspera. Era increíble verla transformarse en una fiera que arañaba la cama mientras sentía como se iba acercando al orgasmo. Fue en un instante donde sus piernas se tensaron y arqueó su espalda mientras me tomó con fuerza del cabello y gritó de placer. Un torrente salió de su interior inundando todo en esa habitación y saciando la sed que me consumía desde que aquella mañana la vi por primera vez.

 

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