Tuesday, 14 Aug 2018

El amante

Como cada que es liberado para salir a la luz, él se regocija haciéndose notar, busca detrás de algún rostro femenino a la próxima victima de sus habilidades de manipulación. Sonríe burlonamente y con su peculiar seguridad se mantiene al acecho, no le interesa quién ni cómo, lo único que sabe es que en esta ocasión el corazón no debe de participar, todo tendrá que ser frío, sin mezclar sentimientos.

Al final del día sabe que los próximos días serán memorables, habrá oportunidad de saciar los instintos, de dejar en el olvido al personaje que ocupaba este cuerpo. Sabe que tiene la oportunidad de volver a alcanzar gloriosas conquistas donde no importen los sentimientos. La observa a lo lejos, ha llegado la hora, como buen cazador tiene a la presa en la mira y como un Don Juan moderno busca a la Inés que esconda bajo su hábito los frutos prohibidos que el tanto ansía.

Usa cada una de sus tácticas, el humor tan característico en él, ácido, negro, irónico, sabe muy bien que esto la atrae y ella no esta exenta, sucumbe ante las palabras románticas tantas veces usadas en el pasado, a él le funciona tan bien el plan que todavía se da el tiempo de decir “lo sabía, es mía”. La arropa entre sus brazos para hacerle notar que le importa cuando solo está pensando en sexo, ella se deja caer ciegamente y cree el engaño sin saber que solo será por esta noche, que mañana él no estará y solo desaparecerá como el fantasma que al amanecer se desvanece, pero está tan hechizada con este hombre que simplemente cierra los ojos y se entrega a los brazos del placer.

Entran en la habitación y él la desnuda con lentitud, con gracia, le dice palabras hermosas para mantenerla ausente mientras él se da gusto recorriendo con sus manos ese cuerpo frágil que ahora se le entrega, le toca con delicadeza los senos y juega armoniosamente con sus pezones, la escucha gemir, la ve contonearse y sonríe, sonríe con esa mirada depravada que le caracteriza en instantes como este, sabe que la tiene a su merced que al roce de sus dedos ella se entregará a sus mas bajos deseos. La hace suya, explora cada espacio en el cuerpo de ella, la lleva a los limites del placer, la hace participe del juego y culmina su obra al verla caer rendida en brazos del dios Morfeo.

Se levanta del lecho y se viste tranquilamente mientras toma como trofeo las bragas húmedas de ella, no lo puede ocultar, sigue siendo un fetichista después de todo, sale de la habitación victorioso y comienza a pensar en la próxima victima.

Camina entre sombras y se siente nuevamente vivo, finalmente se sabe libre y en esta ocasión espera no caer de nuevo prisionero de las razones y los sentimientos que por ahora están olvidados en algún solitario cajón haciéndole compañía a los recuerdos de lo que fue un hombre enamorado.

 

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