Tuesday, 14 Aug 2018

Aspirante a gigoló

Conforme avanzaba en la carretera iba sintiendo el vacío en el estómago, ese que solamente aparecía cada que tenía miedo o cuando huía de los demonios que lo acosaban, pero, en esta ocasión era distinto, había sido lo suficiente patán para romperle el corazón a alguien en cuanto ella comenzaba a ilusionarse y se creaba planes de vida para ambos.

Al pasar por las afueras de Tequila recordó la ocasión donde en la segunda semana de salir con ella la invitó a tomar un tour en tren, con el pretexto de conocer el pueblo, aunque todo era simplemente para emborracharla y poder saciar su apetito de sexo. Recordaba muy bien como planeó todo para que ella no pudiera negarse, al llegar a la destilería ella no dejaba de acariciarle la mano, se desvivía por mostrarle cuanto le quería, pero para él no era importante. Las imágenes de la llegada a la estación y como ella no podía siquiera sostenerse en pie, la forma tan cruel en que la llevó al motel más cercano sin importarle que se sintiera mal.

Comenzó a sentir culpa, pero su ego era más grande, en este punto comenzó a recordar a cada una de las mujeres que había engañado y de las que había sacado provecho físico, emocional y hasta económico. Justificaba sus acciones argumentándose a él mismo que les había pagado con sexo a cada una y que no tenía porque sentirse culpable.

Pasadas unas horas se acercaba a Ciudad Guzmán, su intención era llegar con Lucía, una joven de 18 años que había caído en su red a través del mensajero electrónico donde siempre encontraba a sus nuevas presas. Tomó su celular y le marcó, necesitaba sacarse de la mente a la mujer que le había dado todo durante los últimos seis meses.

La convenció de acompañarle a buscar una habitación de hotel, su tono en el teléfono era más que perfecto, había hecho tantas veces esto que ya era todo un profesional, le pidió que le ayudara con el pago del hotel a lo que ella accedió, tenía meses prometiéndole verla. Ella accedió y colgó la llamada. Encendió un cigarro y comenzó a relajarse, sabía que tenía que comenzar de nuevo, sacar el máximo.

Cerca de las 9:00 de la noche llegó a la plaza y ahí estaba ella, adorable, con el cabello negro hasta la mitad de la espalda, unos ojos verdes profundos y una sonrisa que mostraba su inocencia. Al llegar la abrazó, comenzó a dar su clásico discurso acerca de la mujer que se enamoró tanto de él, que un buen día se desquició y comenzó a acosarlo cuando se enteró que ya no la quería, que le había vuelto su vida una pesadilla y que ahora acudía a los brazos de ella a la cual realmente amaba.

Era realmente un cabrón, de esos que sueñan con verse convertidos en Mauricio Garcés, su tono de voz, su media sonrisa y su expresión había sido ensayada miles de veces. Ella lo tomó del brazo y caminaron hasta el hotel para que se registrara. Al llegar a la recepción le sonrío tiernamente, él se sintió seguro y bajo un poco sus defensas, después de registrarse lo acompaño a la habitación, al subir las escaleras siguió con la farsa, comenzó a decirle que le daba mucha pena que ella hubiera pagado, que en cuanto tuviera la oportunidad de devolverle el dinero lo haría, que jamás en la vida pedía prestado, ella le calló poniendo su mano sobre la boca y le dijo que no era necesario. Entraron a la habitación, y se despidió diciendo que estaba muy cansado, que era mejor que regresara a su casa ya que era demasiado tarde, era el recurso más usado para hacer confiar a sus victimas, ella sin embargo cambió la historia, le dijo que se había escapado de casa para estar con él, que pasaría la noche entre sus brazos y que esta noche quería ser suya.

La miró y la tomó entre sus brazos, le dijo que la amaba y que estaría ahí tanto tiempo como le fuera posible, porque su trabajo le requería viajar mucho; otra mentira perfecta, ya que no tenía trabajo, su modus vivendi era financiar sus gustos y alimentos con diferentes mujeres en diferentes ciudades. Ella sin embargo volvió a sorprenderlo, lo recostó en la cama y le quitó la camisa, lentamente le desabrochó el cinturón y abrió su pantalón, le quito la ropa interior y comenzó a acariciar sus genitales, se los llevo a la boca y siguió, él aunque un poco confundido por la actitud de ella, no hizo nada para alejarla, se dejó llevar y cerró los ojos para concentrarse en el placer que la boca de ella le estaba brindando.

Ella comenzó a moverse cada vez con mas fuerza y él solo gemía levemente mientras acariciaba el cabello de ella, estaba a punto de llegar al clímax, trató de aguantar un poco más, de pronto exploto dentro de la boca de ella, se aferró a las sabanas de la cama y soltó un pequeño grito, la sensación era increíble, pero una sensación le indicó que había algo dentro de él que no era normal, sentía un calor que le recorría el vientre, abrió los ojos y la vio ahí parada, en ese momento comenzó a darse cuenta que esta mujer y aquella mujer de la que abusó en Tequila compartían algunos rasgos, las dos mujeres tenían cierto parentesco, y realmente no se equivocaba, volteó hacia su pelvis al sentir dolor y se dio cuenta que estaba bañando en sangre, las fuerzas le abandonaron, se quedó petrificado en la cama con el miedo reflejado en su rostro y con el líquido vital fluyendo de entre sus piernas, ella se acercó mientras veía como el que hasta hace unas horas era su amante perfecto perdía la vida segundo a segundo.

Con el cuchillo en la mano se acercó con un andar casi felino, le dio un beso en la boca, tomó el arma con fuerza y lo hundió directamente sobre el pecho de él al tiempo que le dijo en voz baja

– Esta vez seré yo la que te rompa el corazón, imbécil.

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